
Finalmente
Nos tomó casi tres décadas, pero finalmente el gobierno de México parece haber decidido impulsar el desarrollo de yacimientos de hidrocarburos no convencionales, es decir, de recursos atrapados en las rocas productoras de petróleo y gas que deben ser fracturadas (fracking) para poderlos extraer. Veremos si se logra.
Los países intentan imitar las políticas exitosas de otros, más si son sus vecinos. Hoy Estados Unidos es el principal productor de crudo del mundo gracias al fracking. En lugar de analizar su éxito e implementarlo acá, por muchos años hemos optado por depender del gas texano que alimenta prácticamente toda nuestra generación eléctrica por gas y a la industria que usa ese combustible.
Ni siquiera en los años de la reforma petrolera de Peña Nieto el gobierno se atrevió a impulsar los campos no convencionales. El fracking ha sido mal visto por AMLO por supuestas razones ambientales, incluso si lo hacía Pemex.
Ojalá el gobierno de Sheinbaum haya analizado las razones del éxito de nuestros vecinos. Las empresas que iniciaron desde hace décadas la explotación de esas reservas atrapadas en las rocas no fueron las grandes, sino las medianas, más flexibles y creativas. Gracias a la competencia entre empresas, tuvieron éxito. Hoy EU produce 13.5 millones de barriles diarios de crudo y 110 mil millones de pies cúbicos de gas. El 67 por ciento de la producción de crudo y el 79 por ciento de la producción del gas es no convencional.
En México, con la nueva propuesta la extracción será responsabilidad de Pemex, aunque con socios privados a través de los contratos mixtos. Éstos han sido muy complicados de aterrizar en proyectos nuevos con riesgo exploratorio, como es precisamente el caso del fracking en el noreste del país, donde además se requiere montar toda una infraestructura para manejar el agua utilizada en el proceso para la fractura y para transportar el producto.
Por razones ideológicas, a los morenistas les desagrada el mecanismo usado en otros lugares: licitar campos al desarrollador que pague más por ellos. El inversionista lleva todo el riesgo. El gobierno no pone dinero y cobra regalías si se logran desarrollar los hidrocarburos. Pemex puede participar en estas licitaciones.
El pretexto es la soberanía nacional, que es lo que menos se ha logrado. La realidad es que el dinero de Pemex fluye, pero hacia los "socios" del régimen.
Poner todos los huevos en una canasta siempre es arriesgado. Mas aún cuando la empresa estatal enfrenta tantos problemas. En el primer bimestre del año, la inversión física de Pemex fue de sólo 21 mil millones de pesos, la más baja para el mismo periodo desde el 2008. A pesar de que se le transfirieron 2.2 billones de pesos en el sexenio pasado, no cumplió con las promesas de aumentar la producción.
El reciente desastre ambiental de crudo vertido al Golfo de México es un reflejo de lo mal que se administra el sector. Aún no sabemos las causas, pero cualquiera de las señaladas refleja negligencia. Si realmente fueran filtraciones naturales (chapopoteras), sería la ironía mayor: no podemos sacar más crudo, pero éste sale solo. Si tienen tal fuerza, ¿por qué no las hemos explotado? Pero todo indica otro origen: o una falla de mantenimiento en los ductos de las plataformas de la zona o algún barco fantasma parte de la mafia que roba el crudo de Pemex. Ese Pemex difícilmente va a poder con la responsabilidad de algo tan complejo como la extracción de gas no convencional.
La Presidenta se cuestionó el miércoles si no hubiera sido mejor utilizar lo gastado en la misión espacial Artemis II para combatir la pobreza. ¿Por qué no se pregunta si no sería mejor dejar de gastar el dinero del erario en Pemex, una empresa que a todas luces funciona mal, y aprovechar el fracking de la forma más eficiente posible (es decir, a través de licitaciones), para tener más recursos para combatir la pobreza en México? Es una oportunidad única.