
Financistas de la Revolución cubana
Los fundamentos del oficialismo y de la línea radical de Morena para apoyar la Revolución Cubana son tan dispares como las ocurrencias de Donald Trump. Me remito al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, me describe el siguiente significado: Financistas es común en contextos de mercado, en Latinoamérica se refiere a quien gestiona capital para proyectos de inversión. Son afines: patrocinadores, promotores y proveedores de capital para distintos objetivos.
Desde que hizo pública su aparición Andrés Manuel López Obrador para apoyar al Régimen Cubano y pedirle a los mexicanos donar cualquier cantidad, se empezó a construir una retórica ideológica de doble fondo, su mente de pensador y de político audaz, marcaba un nuevo sello diplomático como líder de la izquierda e iniciaba su intervención imponiendo el poder como un sofisma cortesano para desmantelar el último eslabón de la Democracia. Su llamado tuvo respuesta inmediata, en especial, entre políticos de alto nivel que demostraron estar atentos a su mensaje. El lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció en su conferencia mañanera que donó a Humanidad con América v de manera personal, veinte mil pesos, para apoyar al pueblo de cuba. La lista debe haber aumentado, los que por obligación deben quedar bien y aquellos que sus ingresos, les permiten presumir en redes sociales los montos de su donativo.
Los términos ya no son tan sencillos, mientras Trump y sus asesores toman nota. Las piedras angulares del pensamiento clásico de la Ley de Say ya no existen, lo mismo que la teoría cuantitativa del dinero, la confianza en el libre mercado y la mano invisible de la economía. Hoy estamos frente a una realidad subyacente para dejar que las variables económicas se ajusten a las decisiones políticas. Para conducir más amplio el margen de reflexión, los impuestos serán una nueva forma de influir en las decisiones de los individuos. Para determinar el margen de su consumo, el país enfrenta muchos retos que siguen sin dimensionarse en su verdadera complejidad, una gran cantidad de mexicanos por lo menos, se preguntarán dependiendo del nivel de sus ingresos "donar" algo a cuba, pero disminuir la canasta básica no sería recomendable. Entonces, la retórica no puede asumirse como generalizada y sin medir las consecuencias futuras.
Los últimos dos sexenios incluyendo el de Peña Nieto han apoyado a Cuba con petróleo, en realidad, no hay cifras confiables que nos puedan demostrar cuanto ingresó a Pemex por estas transacciones y condonaciones de deuda, lo que se critica es que ese apoyo ha estado siempre presente y ha formado parte del statu quo a las dictaduras de diversos países. Cuba ha vivido su revolución a pesar del bloqueo de Estados Unidos si bien no tienen un liderazgo visible para iniciar un cambio político, la amenaza de Trump es un marco de referencia para comprender que a pesar de la ayuda humanitaria, el Presidente Trump lo señala con toda intención: "Cuba está derrotada y ya no tarda mi intervención". Ahora bien, quién estaría dispuesto a invertir o financiar proyectos en una economía del caos, las percepciones de la sociedad son manipulables, se filtran por todos los medios disponibles, ¿será posible un acuerdo? No es viable exponer certezas frente a las arenas movedizas de la Geopolítica Norteamericana.
Para los Financistas Mexicanos la ayuda se traduce en un laberinto por el alto costo de su continuidad, una sola donación no resuelve el problema que apenas se percibe como la punta del iceberg, frente a un valladar de inseguridad.
¿Cómo se dimensiona la actitud de los políticos mexicanos? Desde mi punto de vista algunos han dado muestras de excesiva frivolidad partidista y obediencia a liderazgos.
Hay actitudes humanas dignas de señalar, como la solidaridad en momentos de crisis, ¿en dónde quedó la austeridad franciscana que difundió la Cuarta Transformación como parte de sus valores? Hoy, sin un rumbo definido, pretenden monopolizar las Virtudes Teologales, no como esencia de la cultura cristiana; del amor y del progreso, sino como plataforma política para continuar con el poder. En cierta forma, es parte de la ausencia de la Autonomía Institucional, que es necesaria para que un gobierno cumpla sus funciones con eficacia y lealtad, salvaguardando los derechos de las personas y permitiéndoles decidir sin guiones y sin apuntes dentro de las exigencias de la libertad y el bien común.