An sido meses de mucha incertidumbre, pero sobre todo de especulaciones sobre el alcance de la inminente propuesta de reforma electoral. Después de que en el sexenio pasado no se logró concretar ninguna propuesta después del revés de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con la actual presidenta Sheinbaum se estimaba que sería diferente, ya que la configuración de legisladores le daba una mayoría; sin embargo, como hemos visto durante las últimas semanas, no se ha podido lograr un consenso que asegure su aprobación.
Una reforma de esta magnitud, al ser constitucional, necesita por lo menos de las dos terceras partes de ambas cámaras y la mayoría de los Congresos locales; sin el respaldo del PT y del Partido Verde, es sencillamente imposible que se apruebe. Cuando se creó la Comisión Presidencial de la Reforma Electoral, se tenía contemplado que para finales de diciembre o principios de enero se tuviera una propuesta concreta, y en aquel entonces se daba por sentado que tendría el apoyo de las fuerzas aliadas de la Cuarta Transformación. Pero, como dicen por ahí, el diablo está en los detalles, y si la propuesta iba contra la propia supervivencia de los partidos aliados, por ejemplo, con la disminución de prerrogativas y de espacios de poder con los plurinominales, era muy complicado que, por más aliados que sean, fueran en contra de sus propios intereses. Pero también, la política es el arte de lo posible, y el ámbito legislativo es el mejor ejemplo de cómo se logran acuerdos.
Sin embargo, el tiempo no es un aliado; el nuevo proceso electoral inicia en septiembre de este año, por lo que el Congreso de la Unión tiene hasta finales de mayo de 2026 para terminar todo el proceso legislativo, garantizando así que la Presidenta tenga tiempo de publicar la reforma antes de que inicie junio y no violar la veda constitucional de los 90 días, siempre y cuando se mantenga esta regla.
Si bien es cierto que es cuestión de días conocer cuál será la propuesta presidencial de la reforma electoral; el camino está muy lejos de acabar, tiene un pronóstico reservado y no se antoja fácil como hace algunos meses. Hay más escenarios que certezas; por ejemplo, veremos legisladores de oposición apoyando con su voto (o su ausencia) la reforma electoral. Si no se logra la mayoría calificada, ¿tendremos un nuevo intento de modificar solo las leyes secundarias? Si la reforma se aprueba en el límite de tiempo, hay que tomar en cuenta que el INE tendrá que organizar una de las elecciones intermedias más grandes de la historia con reglas completamente nuevas, con muy poco tiempo de adaptación, incluso con una reingeniería administrativa que le quita áreas con las que ha venido trabajando. Un reto que pone a prueba una de las instituciones más sólidas. Al final del día, lo que está en juego en este ajedrez legislativo no es solo la austeridad presupuestal o el rediseño de un organigrama; lo que se define en estos meses es la certeza jurídica con la que llegaremos a las urnas en 2027. Si la reforma nace de un consenso forzado o de un proceso atropellado, el riesgo no será solo político, sino operativo. Cambiar las reglas del juego cuando los jugadores ya están por salir a la cancha puede ser contraproducente; o incluso ir en contra de la confianza ciudadana que ha sido tan difícil construir.
X @omarortegasoria
E leído los libros sagrados: los de Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Dickens, Balzac, Flaubert, Tolstoi, Dostoievski, y así hasta llegar a Faulkner, Rulfo, García Márquez, Borges y los demás dioses de la literatura. Para salvarme de fanatismos e intolerancias me he alejado cautelosamente de los libros llamados "sagrados" por los predicadores, pues en el breve contacto que con ellos tuve los encontré llenos de barbaridades y contradicciones. Ya que cité a Dostoievski diré que este año se cumplen 160 de la publicación de una de sus obras capitales: "El jugador", novela en buena parte autobiográfica, como suelen ser las grandes novelas. Todos los libros son en mayor o menor medida autobiográficos; el principal personaje del escritor es él mismo. Pero estoy divagando, actividad en la que se me ha ido gran parte de mi vida. A lo que voy es a relatar las desventuras de un ludópata, hombre adicto a juegos de azar tales como la vida, el matrimonio y otros igualmente llenos de riesgos, y azarosos. El tipo creía ser un gran jugador de póquer, de modo que cuando supo que había llegado a la ciudad un tahúr especializado en ese juego fue a retarlo. "No, amigo -declinó el otro el desafío-. Yo soy un profesional; usted, un mero aficionado. Lo voy a pelar". En jerga de tahúres eso de "pelar" quiere decir ganarle todo su dinero al adversario. El otro insistió, y el profesional no necesitó más de media hora para dejarlo sin blanca. Le ganó fácilmente todo el dinero que traía, y también el que tenía en el banco. No sólo eso: el pendejo aficionado -no pido disculpas por el adjetivo, pues el majadero lo merecía- perdió también su coche, y aun su casa. "Deme la revancha" -le pidió ansiosamente al profesional. Replicó éste: "Ya no tiene usted nada qué apostar". "Sí tengo -opuso con desesperación el necio-. Le apuesto en una sola mano una hora con mi esposa contra todo lo que me ha ganado". Inquirió, calculador, el individuo: "¿Está buena la señora?". "Se la garantizo" -respondió el bellaco. Jugaron la tal mano, y otra vez ganó el tahúr. Allá van los dos a la casa del perdidoso, a que el ganador cobrara la villana apuesta. En el trayecto el aficionado iba pensando, poseído por los remordimientos: "¿Qué he hecho, santo Cielo? Mi esposa es casta, honesta y cándida. Fue alumna de las Madres de la Reverberación; está llena de virtudes. Su libro de cabecera es 'Pureza y hermosura", de monseñor Tihamér Tóth. En la cuaresma ayuna, y me hace ayunar de todo a mí también. Y he aquí que la he puesto en este trance que la deshonrará, Soy un canalla, un infame, un pérfido, un ruin". Llegaron a la casa, y el marido llamó a su esposa, que estaba ya en su impoluto lecho de casada. Atribulado, el hombre le contó lo que había sucedido y le pidió ayudarlo a cumplir la apuesta. Ella se echó a llorar desesperadamente. Durante 10 minutos habló entre lágrimas de la santidad del matrimonio, y además adujo que esa noche le dolía la cabeza. El bribón invocó la estúpida sentencia según la cual "Deudas de juego son deudas de honor", cuando en verdad son de deshonor, y le dijo a su mujer que si no cumplía la apuesta tendría que suicidarse. Ante esa disyuntiva la señora aceptó yacer con el tahúr. Los dos fueron a la alcoba en el segundo piso. El hombre quedó abajo -muy abajo-, recordando lo de la castidad y honestidad de su esposa, lo de las Madres de la Reverberación, lo de monseñor Tihamér Tóth y todo lo demás. Transcurrida una hora la señora y el tahúr salieron de la alcoba. Lleno de vergüenza el marido se ocultó bajo la escalera. Desde ahí alcanzó a oír lo que su mujer le dijo en voz baja al individuo: "También juega muy mal al dominó". FIN.