
Gandalla acopio y comercialización de frijol
Año con año, en Durango el acopio y comercialización del frijol se convierte en discurso y el productor en rehén. Sexenio tras sexenio, el esquema se ha visto manejando entre la opacidad, la burocracia federal, la tibieza de las autoridades estatales y la complicidad silenciosa entre ambos órdenes de gobierno con los intermediarios: los "coyotes".
Cada ciclo agrícola revive la misma escena en nuestro estado. Anuncios oficiales, cifras optimistas, promesas de precios históricos y, al final, productores desesperados rematando su cosecha. El problema no es nuevo, pero sí persistente. El esquema de acopio vuelve a mostrar que entre el discurso y la realidad hay una brecha que se mide en pérdidas para el campesino.
Los "coyotes" siguen siendo los "gandallas" y no hay poder o gobernante que rompa con esa desigual cadena, en la que ellos compran por muy pocos pesos el kilo y luego colocan el mismo grano hasta en más del doble. El resultado es el mismo de siempre: el campesino pierde, el intermediario gana y los gobiernos presumen cifras que no se reflejan en el bolsillo de quien siembra.
El esquema de precios de garantía y acciones conjuntas en el acopio entre estado y federación, anunciado como histórico por Esteban Villegas en diciembre pasado, sonó bien en conferencia de prensa -como muchas de sus vacías "buenas nuevas"- pero en los centros de acopio la historia es muy distinta.
Y es que productores con fichas para entrega se quejan del nulo avance desde el pasado mes de diciembre, mientras las bodegas en Segalmex están saturadas con cosechas viejas, y las que se iban a improvisar por parte del gobierno estatal no se ven por ningún lado. Lo anterior aunado a requisitos discrecionales y un sistema que, según denuncian productores, beneficia a los cercanos: los "coyotes".
La voz de los productores es demoledora porque no está construida desde la grilla, sino desde el mismo surco en el que siembran y cosechan. Como la de Yoselin Navarrete, quien señala que el gobierno estatal les entregó semilla supuestamente certificada, pero hoy, cuando llevan su frijol a revisión no pasa la inspección con la excusa de tener baja calidad.
Una semilla buena para la foto, pero no para el mercado. Y mientras a los pequeños productores se les exige certificado parcelario, grano impecable y paciencia infinita, los intermediarios -otra vez los "coyotes"- sí encuentran costales, cupo y puerta abierta. Una distorsión del esquema de comercialización propiciada por la simulación institucional.
Total que el gobierno estatal hace como que ayuda a los productores anunciando esquemas paralelos de comercialización, cribadoras gratuitas y hasta acuerdos con cadenas comerciales que no se concretan para todos. Lo más terrible es que no confronta al gobierno federal por permitir el desequilibrado e irregular esquema de acopio.
Durango es el quinto productor nacional de frijol. El cultivo es motor económico en regiones enteras, sin embargo cada año el campesino duranguense enfrenta la misma paradoja: produce más, gana menos. Al final, cuando el campesino termina vendiendo a pérdida por necesidad de liquidez, el sistema completo ha fallado.
EN LA BALANZA.- Lo que ocurre en mercados populares es un termómetro social. Cuando los comerciantes advierten que "llevarse kilos ya es un lujo", están describiendo una economía familiar que compra al día, que reduce porciones y que elimina todo lo que no sea estrictamente esencial. Las ventas concentradas solo en quincena revelan una dependencia total del ingreso inmediato, sin margen para ahorro ni previsión. El alza en productos básicos y la inestabilidad en los precios terminan por apretar aún más el gasto doméstico. El poder adquisitivo se erosiona y el mandado, que antes llenaba el refrigerador, hoy apenas alcanza para sobrevivir.
X: @Vic_Montenegro