
Gobierno de Durango ahoga a proveedores
Dicen que el 2025 fue un año de éxito financiero para Durango. Las cuentas alegres hablan de una administración que pasó del "default" a la calificación crediticia triple A; de un crecimiento histórico del 120 por ciento en recaudación y de un escenario optimista para el 2026. No obstante, fuera de la "declaracionitis", la realidad que palpan empresarios y comerciantes cuenta una historia muy distinta.
Mientras desde el Bicentenario se dicta línea para posicionar como verdad el cuento de la disciplina financiera, la liquidez y de certeza para la inversión, decenas de empresas duranguenses proveedoras del gobierno estatal terminaron el año con pagos pendientes por parte de la Secretaría de Finanzas, algunos arrastrados desde 2023.
Hablamos de empresas y negocios grandes, medianos, pequeños y micros que ya cumplieron su parte en contratos por productos o servicios, y que hoy enfrentan un cierre de año asfixiante como en ningún otro sexenio se había visto, pagando impuestos por facturas que aún no se han cobrado, y cuyo retraso pone en riesgo la propia sobrevivencia económica.
El discurso del gabinete económico y del propio gobernador Esteban Villegas es cada día más difícil de sostener, pues de nada sirve presumir estabilidad financiera si esta se construye a costa de convertir a los proveedores locales en financistas involuntarios del gobierno, como bien lo advirtió Francisco Esparza Martell, presidente de Coparmex Durango.
El reclamo de la confederación patronal es fundado, lleno de toda razón. Y es que cualquiera puede entender que la mejora en indicadores y calificaciones -al menos en Durango- no se ha traducido en bienestar económico, sobre todo cuando el dinero no está fluyendo hacia quienes sostienen el empleo y la actividad productiva en el estado.
Otro testimonio contrastante es el del empresario Reynaldo Dozal, quien es vicepresidente del Mercado de Abastos Francisco Villa, y quien expone también su molestia por la deuda millonaria acumulada con el sector, revelando además el creciente desencanto con la actual administración estatal por el silencio y la desatención.
El también consejero de Canaco reprocha que nadie en Finanzas les da la cara, nadie les explica del porqué de los retrasos y nadie siquiera agenda una reunión. Un trato que, al menos en los sexenios priistas de Ángel Sergio Guerrero Mier, Ismael Hernández Deras y Jorge Herrera Caldera jamás se dio. Tiempos en los que, por el contrario, se daba prioridad a las empresas locales.
Frente a este escenario, el optimismo gubernamental suena, cuando menos, desfasado. A la administración de Esteban Villegas se le complica cada vez más sustentar la credibilidad con anuncios de obras, circulante futuro o promesas de inversión, mientras en el presente se mantienen adeudos con quienes mantienen viva la economía local.
Al final, más allá de calificaciones y cifras maquilladas, la economía se mide en algo mucho más simple y contundente como el bolsillo de las y los ciudadanos. Mientras el gobierno presume orden en sus finanzas, en la calle el mensaje es otro: proveedores sin cobrar, comercios con ventas a la baja y empresarios que ya sienten que el Estado les dio la espalda. Llegado el momento, la factura política terminará por cobrarse puntual.
EN LA BALANZA.- El inicio de año en Durango vuelve a exhibir una práctica tan irresponsable como normalizada: disparar al aire como forma de celebración, aun cuando el costo lo terminan pagando inocentes. Más allá de los llamados oficiales y operativos inútiles, los hechos confirman que la omisión social y la falta de consecuencias reales siguen cobrando víctimas, incluso menores de edad. Cada bala perdida es un recordatorio de que la cultura de la impunidad y la indiferencia pesa más que cualquier exhorto, y de que mientras no se asuma con seriedad este problema, el festejo de unos seguirá convirtiéndose en tragedia para otros.
X: @Vic_Montenegro