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Harfuch y Manolo, sin Esteban

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Harfuch y Manolo, sin Esteban

Harfuch y Manolo, sin Esteban

VÍCTOR MONTENEGRO

En la Atenas clásica decía Aristófanes que "la desconfianza es la madre de la seguridad". La obra del comediógrafo se debatía en medio del poder, donde la estrategia se entrelazaba con la supervivencia misma de la polis. Siglos después, la frase cobra vigencia en la Comarca Lagunera, donde el combate a la inseguridad ya no solo se mide en cifras, sino en gestos políticos que dicen más que cualquier comunicado oficial.

La más reciente visita del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, a Torreón, Coahuila, dejó nuevamente en evidencia una realidad que en Durango se intenta minimizar desde una narrativa amorfa. Y es que la Federación, en más de una ocasión, ha dejado claro que ya no confía en el gobierno estatal en materia de seguridad. Tal desconfianza hoy la vemos traducida en la reiterada exclusión.

Con el objetivo de reforzar los operativos de seguridad en la región Laguna, particularmente en el combate al delito de extorsión, Harfuch sostuvo hace un par de días una reunión privada con empresarios laguneros junto al gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, así como con funcionarios del gabinete estatal de seguridad. Durango, Esteban Villegas y su gobierno fueron nuevamente relegados.

Mientras Coahuila y su mandatario aparecen una y otra vez como socios estratégicos del Gobierno Federal, las autoridades duranguenses siguen brillando por su ausencia en reuniones, operativos, mesas de trabajo y reconocimientos públicos. No es un hecho fortuito, sino un patrón que se repite cada vez más.

La captura de Édgar "N", alias 'El Limones', fue el primer ejemplo. Se trató de un objetivo prioritario cuya red criminal operaba desde Gómez Palacio, afectando tanto a Durango como a Coahuila. El operativo culminó en la capital duranguense, pero premeditadamente se ejecutó sin aviso previo ni participación visible de las autoridades locales.

El contraste es estridente. Harfuch se reúne con el Gobernador de Coahuila, con alcaldes, con empresarios; reconoce el "modelo de seguridad", presume coordinación, intercambio de inteligencia, fluidez institucional y resultados históricos en seguridad. Con Durango, mutis, marginación y operaciones realizadas al margen del gobierno estatal.

Todo apunta y reitera que la Federación ya decidió apostar por quien considera un aliado confiable, con instituciones sólidas, inversión sostenida y voluntad política clara. Coahuila lleva años construyendo esa realidad y respaldándola con números, presupuesto, coordinación y control territorial.

Durango, en cambio, sigue atrapado entre discursos de buena voluntad y un contexto que lo relega a un papel secundario, incluso en una región que comparte problemas, criminales y dinámicas delictivas como es la Comarca Lagunera. El combate a la inseguridad no admite simulaciones; tampoco egos heridos. Porque en política, como en la tragicomedia griega, la desconfianza nunca surge de la nada.

EN LA BALANZA.- La presa Tunal II garantizará agua para Durango, pero olvídense ya de una derrama económica. La ejecución de esta obra pública, pese a que se dijo como consuelo que beneficiaría a la proveeduría local, cada vez se ve más marcada por la exclusión de empresas nativas, como recientemente lo dio a conocer la Asociación de Industriales de Maquinaria Pesada del Estado de Durango. Cuando una obra se ejecuta con recursos públicos y en territorio local, pero sin integrar a los sectores productivos de la región, el beneficio social se reduce y la inversión pierde una parte esencial de su sentido: fortalecer la economía donde se construye.

X: @Vic_Montenegro

Escrito en: Contrapesos Durango,, Harfuch, Coahuila,, desconfianza

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