
Humor al estilo Carrie Bradshaw
Carrie Bradshaw es la protagonista de la serie Sex and The City una serie de 1998, que duró 6 temporadas, con 94 episodios sobre las relaciones, el amor y desamor, una mujer con un clóset lleno de zapatos y un corazón que late a mil por hora por un hombre llamado Mr. Big, que aparece y desaparece como si se lo tragara un agujero negro.

Me pregunto: ¿Por qué pareciera que las mujeres terminamos enamorándonos de hombres que están más ocupados en lamerse las heridas que en amar de verdad? ¿Será que tenemos imán para los tipos que usan su trauma como escudo y no como puente? ¿Qué hay en nosotras que atrae a los que prefieren desahogarse antes que comprometerse, y evadir antes que sentir? ¿Por qué tantas veces terminamos siendo la estación de paso para hombres que todavía no deciden hacia dónde va su tren emocional? Y, por supuesto, ¿por qué nos sentimos responsables de arreglarlos cuando claramente lo que necesitan es un terapeuta y un GPS para encontrar su propia vida?
La otra noche (la noche) fue como uno de esos episodios en los que Carrie se acuesta con Big después de una copa de vino y de repente se da cuenta de que la misma historia se repite. Ella: vulnerable, honesta, y él: con la misma habilidad emocional que una cuchara. Fue como uno de esos episodios en los que Carrie cae otra vez en los brazos de Big. Ahí estaba ella, vulnerable, real, con el corazón abierto y la fe puesta en que las palabras “esta vez es diferente” significaban algo. Pero no, claro que no...
¿Cuántas mujeres no han vivido en versión mexicana tener que lidiar con un Mr. Big? Hombres parecidos con distinto pasaporte, uno con acento neoyorquino y otro con la capacidad de desaparecer por WhatsApp. Un hombre que te busca cuando le conviene, te suelta cuando le estorbas y te deja con el alma hecha trizas cuando vuelves a abrirle la puerta… Ese que llega tarde a la función, pero con una sonrisa capaz de desarmar tu corazón de un solo vistazo. Y que, por supuesto, desaparece en cuanto la función se vuelve interesante, dejándote con las luces encendidas y el asiento vacío.

Y tú, por supuesto, la misma Carrie: la que interpreta sus silencios como profundidades misteriosas que necesitan descifrarse, la que lo perdona todo con una sola caricia, la que espera el mensaje de las 2 de la mañana y le cree cada excusa, con el corazón latiendo a mil, creyendo que esta vez sí será diferente, que esta vez sí cumplirá...
Me pregunto: ¿por qué las mujeres terminamos enredadas con tipos que parecen tener un máster en desapego emocional y un doctorado en el arte de las excusas? ¿Es que hay un manual secreto para no comprometerse y se lo pasan entre ellos en el gimnasio?
Porque si algo he aprendido es que cuando un hombre te dice que quiere verte pero no puede quedarse, no se refiere solo a la cama, sino también al compromiso, a las promesas, a la lealtad emocional. Y si algún día Mr. Big, decide volver y le dice que la extraña, quizá Carrie ahí estará: con la puerta cerrada y el corazón abierto, pero solo para lo que realmente vale la pena. Para lo que suma, para lo que la hace crecer, para lo que la honra y la hace sentir que es lo mejor que le ha pasado.
Así que hoy ponte tus mejores tacones, brinda y date un aplauso a ti misma por decidir que tu vida ya no necesita un Mr. Big para ser emocionante.
Porque el verdadero amor, el que te hace vibrar, el que te hace sentir viva, no tiene que doler tanto. No debería ser un acertijo. No debería parecerse a un trabajo de detective.
No puedes seguir siendo la mujer que se escribe cartas a sí misma para justificar que el otro no está listo. Ni puedes ser la heroína que le salva el corazón a un hombre que ni siquiera sabe dónde lo tiene. Porque la verdadera heroína no es la que se queda esperando el final feliz de la película romántica, sino la que escribe su propio guion y se convierte en la protagonista de su vida.
La historia no la escriben sus silencios, sino tus ganas de ser feliz. Tú eres la protagonista de tu propia historia, la protagonista que no llora por un hombre que no sabe quedarse, elige una persona con la madurez de amar y dejarse amar, una persona que haga espacio en tu vida para ti, porque ocupados estamos todos. Porque cada vez que te eliges, te escuchas y te abrazas comienzas a sanar, tu corazón merece un final feliz que no dependa de nadie más que de ti.