
Hungría, personalidad histórica
Hungría fue el nudo del inmenso imperio Habsburgo que, encabezado por Carlos V y Felipe II, abrazó al globo entero y durante siglos fue el poder predominante de Europa. Años después, en 1867, Hungría compartió la doble monarquía Austrohúngara que feneció con la funesta cadena de acuerdos y alianzas europeas causantes de la Primera Guerra Mundial. La derrota sufrida le costó a Hungría la pérdida de más de dos tercios de su territorio (con lo que se creó Checoslovaquia).
Como resultado de la Segunda Guerra Mundial, la victoriosa URSS ocupó Hungría que en 1947 quedó como un país satélite sujeto al partido comunista, el partido único. En 1956 ocurrió la revuelta del “Octubre Húngaro”, una inesperada y pionera apertura de su frontera con Austria en 1989 que acelerará el colapso del bloque comunista.
Hoy día Hungría, país miembro de la Unión Europea, es una república parlamentaria cuya población de 13.2 millones, de los cuales 1.3 millones viven en Rumanía y 400 mil en países limítrofes. La bella capital Budapest, sobre el Danubio, conserva la majestad de sus edificios y los lagos y cuevas de aguas termales, son uno de los atractivos del país que recibe más de diez millones de turistas al año.
Su economía mixta está orientada a la exportación, ocupa el lugar 57 en escala mundial. El sector privado, con una gran inversión extranjera, genera el 80% del PIB. Su deuda pública es del 73.5% del PIB. El país registra una alta dependencia energética y a raíz de la guerra Rusia-Ucrania, ha sufrido incrementos en los precios de los energéticos, depreciación de su moneda, ineficiencias en la industria alimentaria nacional y tasas de inflación mucho más altas que el promedio europeo. Con una fuerte deuda europea y la crisis financiera, la economía se ha sostenido con la demanda externa que recientemente ha faltado. El desplome del consumo doméstico está 30% por debajo de la media comunitaria. Los comentaristas señalan un crecimiento anual de solo 0,2%, y los últimos 3 años no se ha podido aumentar el PIB. La debilidad de la exportación, agravada por los problemas de la industria automotriz, casi un 9% del PIB y la caída de las inversiones nacionales, coinciden con las nuevas condiciones políticas del país.
Efectivamente, las elecciones del pasado domingo 12 de abril, marcaron el fin del gobierno de Viktor Orbán que dirigió el país durante 16 años como Primer Ministro y que, con su partido Fidesz, sujetó al pueblo a un régimen dictatorial basado en una exagerada concepción derechista.
Durante su larga gestión, Orbán, impulsó una agenda ultra conservadora, tradicional y de arraigados valores cristianos. Reformó la Constitución, reestructuró el poder judicial, llenó las Cortes de aliados, e impulsó leyes que limitaron las libertades civiles y el ejercicio de derechos de las minorías.
Orbán calificó el resultado de los comicios como “dolorosos”. Con Péter Mayar, abogado de 45 años y exparlamentario, fundador de su partido Tisza (Respeto y Libertad), de centro derecha y pro europeo. Su triunfo fue contundente. Habiendo votado el 79% del padrón electoral, los resultados electorales preliminares basados en el 81.5% de los votos escrutados, le dieron el triunfo en 137 escaños, otorgándole la mayoría de dos tercios en el Parlamento de 199 miembros y la capacidad para legislar cambios sustanciales.
El señor Magyar enfocó su campaña en problemas internos: inflación, bajos salarios, deterioro de la sanidad y corrupción. Político formado en el gobierno, conoce sus interiores, sabe de la autoridad transversal para evitar etiquetas y unificar ideologías.
En su discurso de victoria manifestó “nuestra patria forma parte de occidente, de la comunidad europea.. hemos liberado Hungría y hemos recuperado nuestro país”,
La sólida victoria electoral fue recibida con alegría por los líderes de la Unión Europea como un cambio después de 16 años de enfrentamientos con Budapest .“…nuestra unión es más fuerte” dijo Ursula von der Leyen, presidente de la Unión Europea, nos da oportunidad para reencausar nuestras causas y de alinearse en una reconfiguración geopolítica menos cercana a Rusia y más cerca a la de los consensos europeos”.
El tono del señor Magyar es más amistoso hacia la Unión Europea y la OTAN. Se espera que despeje el camino para el préstamo a Ucrania. Se muestra, empero, escéptico ante ciertas políticas europeas en materia de lazos energéticos con Rusia, y se ha opuesto a algunos cambios en cuestión de políticas migratorias. Podrán aparecer otras cuestiones que requieren unanimidad como es la ampliación de la UE.
Los hechos mandan. De ser eje del inmenso imperio Austro- Húngaro, a ser un mero satélite de la URSS y luego rehén de un tirano, hoy en 2026 Hungría retoma su personalidad histórica.