
Inconsútil
Esta extraña palabra se antoja un poco juguetona; la acumulación y el orden de sus letras hacen que le prestemos atención, aunque no siempre captemos su significado. Pero a pesar de su sonido, expresa algo serio, relacionado con lo sagrado.
Inconsútil está formado por el prefijo de negación; el elemento Con, el cual expresa compañía; luego el verbo latino Suere, que significa coser; y por último, aparece la desinencia propia de los adjetivos. Con estos elementos el perspicaz lector puede darse cuenta de que la palabra designa algo sin costuras, íntegro, no compuesto de varias partes unidas entre sí; y esto último nos lleva a inferir que se trata de una prenda de vestir.
Según la Real Academia de la Lengua, este adjetivo se aplica exclusivamente a la túnica usada por Jesucristo durante su paso por este mundo. Se trata de una palabra individualizada, porque solamente califica a un objeto, apartado y distinto de todos los demás de su especie. Caso curioso y difícil de aceptar, porque las palabras, incluso los nombres propios, se hicieron para designar géneros y especies, y no a una sola entidad individual, como lo afirma la academia en el caso de inconsútil.
La asignación exclusiva de inconsútil a la prenda mencionada se originó en el Evangelio de San Juan, según el cual los soldados que crucificaron a Jesús "tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo." Luego la tradición posterior atribuyó a María, la madre del Redentor, la elaboración de esta prenda. La atribución no es gratuita, pues eran las amas de casa, las madres de familia, quienes hilaban y tejían la ropa para sus hijos.
Los evangelios son libros llenos de símbolos, y el relato que ahora comentamos no es la excepción. El mismo texto interpreta el signo, pues nos dice que se trata del cumplimiento de una profecía, contenida en el Salmo 22. Sin embargo, los símbolos siguen abiertos a interpretaciones ulteriores, a pesar de que el mismo evangelista ofrece su propia glosa. Flavio Josefo, escritor contemporáneo a la primera generación de cristianos, afirma que los sacerdotes del Antiguo Testamento vestían túnicas de una sola pieza para evitar la impureza de las costuras.
La fama y la expectativa obsesiva de algunos cristianos antiguos se basaban en el hecho de que la túnica inconsútil era la prenda más cercana al cuerpo de Jesús durante toda su vida, y la tradición añadía que era milagrosa de una manera especial, pues crecía en la misma proporción en que lo hacía Nuestro Señor a medida que pasaba el tiempo. También se recalcaba el hecho de que fuera confeccionada por la Santísima Virgen María, lo que le otorgaba un valor aún mayor.
Ignoro si los académicos siguen defendiendo la atribución exclusiva de la palabra inconsútil a la túnica de Jesucristo. Lo que sí sé es que la rebeldía es común en los humanos, y no faltan algunos que nombran con ese exclusivo adjetivo a otras cosas que nada tienen que ver con la singular túnica. Esto lo hace una fábrica brasileña de tubería para intercambio térmico. La empresa vende tubos de acero inconsútiles. La ausencia de costuras hechas con soldadura garantiza a los clientes que nunca tendrán fugas de calor, debido precisamente a que su producto está hecho de una pieza, es inconsútil, como la túnica del Señor.
He visto una aplicación más para esta palabra. Un proveedor de materiales de construcción ofrece una membrana inconsútil, lo que garantiza que el agua de lluvia no se filtrará hacia el interior de los edificios porque está hecha de una sola pieza. Sin embargo, he constatado que la dicha membrana es consútil, ya que la unen con una costura térmica cuando el área de la azotea donde la instalan es mayor que la superficie de la tela que proveen.
Desde hace tiempo hemos desacralizado hechos, lugares y personas. Ahora vemos que la palabra que se debería usar solamente para un objeto sacrosanto se está aplicando a cosas toscas, como tubos y azoteas. Tal vez alguna persona mayor diga que se está perdiendo el respeto a lo sagrado, y que, como afirmó Jorge Manrique, "todo tiempo pasado fue mejor". Ahora preferimos afirmar, como don Armando Fuentes, que "todo tiempo pasado fue anterior".