
Informar
Los informes de gobierno son siempre propaganda. Lo bueno es que ya no duran seis horas, como algunos de Echeverría, ni anuncian sorpresas, como la expropiación bancaria y el control de cambios del 1 de septiembre de 1982.
El día del Informe ya no es inhábil ni se transmite en cadena nacional.
Tampoco refleja ya la pluralidad del país: es en la casa presidencial, con sus invitados, no en el Congreso de la Unión.
Sin embargo, siempre desnuda al poder. El Segundo Informe de Sheinbaum relató su visión de cómo va el país. Es claro qué busca su gobierno y ofreció muchos datos sobre sus logros, el más importante para el elector: las transferencias sociales. Varias de sus afirmaciones son muy discutibles, como que ya no hay escasez de medicinas contra el cáncer, y otras son promesas que ya veremos si se cumplen.
Hubo detalles reveladores. Fuera del discurso escrito, y con los ministros sentados en primera fila, agradeció el cambio en el Poder Judicial, “porque se nota claramente la diferencia entre el pasado y el presente”. Supongo que se refiere a que ahora le hacen caso, pues en el Informe no se dio ningún dato que indique la mejoría en la impartición de justicia.
Hay algunas mentiras tan evidentes que no se entiende para qué decirlas.
Va un ejemplo: “A todos aquellos que criticaron la construcción de la Refinería Olmeca en Dos Bocas, Paraíso, Tabasco, hoy se demuestra que, gracias a la misma, hemos podido enfrentar el aumento en el precio de los combustibles y el desabasto que afecta a la gran mayoría de los países del mundo”.
Si no subió el precio de la gasolina regular es porque antes de la guerra de Irán, a principio de año, la gasolina regular en Texas costaba poco más de 11 pesos por litro y en México nos estaban exprimiendo, pagando más del doble, 23.30. El diferencial se debe principalmente a impuestos sobre la gasolina.
Ese diferencial es la razón por la que el huachicol fiscal, es decir importarla fraudulentamente, es tan buen negocio.
Hoy el precio en Texas es casi de 17 pesos por litro. En México es de 23.68.
Aun después de que subió en Texas, es mucho más barata que en México.
No hay desabasto porque en lo que va del año, México ha importado más del 40 por ciento de la gasolina que consumimos. Solamente en mayo entraron legalmente al país 497 mil barriles diarios, entre Pemex y los privados. Cuánto ingresó ilegalmente, no tengo idea; quizás algunos en el gobierno sí lo sepan. Dos Bocas produjo 56 mil barriles diarios de gasolina en ese mismo mes.
Esto después de haber invertido más de 21 mil millones de dólares, casi tres veces más del costo original estimado.
Es difícil imaginarse que algunos de los invitados al Informe, medianamente enterados, le hayan comprado este cuento de Dos Bocas. ¿Por qué lo habrá dicho? ¿Sólo para engañar a los mexicanos? Una hipótesis es que ella verdaderamente lo cree. En los regímenes autoritarios al líder le puede sólo llegar información positiva. Sus allegados saben que es falso lo dicho por la senadora Martha Lucía Micher, oradora oficial de Morena el día de la entrega del Informe en el Congreso de la Unión: “En democracia es indispensable la crítica, es bienvenida; la mentira, no”.
Otra hipótesis es que lo hizo para mostrar esa unidad tan reiterada en el Informe. No quería convencer a su audiencia de las bondades de Dos Bocas, sino mostrar lealtad con quien la hizo, por eso presumió con datos engañosos todas sus obras.
El grueso de las críticas en redes sociales al Informe simplemente contrasta los supuestos logros de las obras de AMLO con la realidad. Abrió un frente difícil de defender.
Pero el costo más grande es, por citar otra frase del Informe: “No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días”. Mintiendo se pierde la autoridad moral, y ni siquiera parece alcanzar para mantener unidos a los de casa.