
Investigadores de la UJED buscan en venenos de víboras tratamientos más eficaces
Los venenos de las serpientes de cascabel que habitan en México son estudiados por investigadores de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED) con el objetivo de mejorar la eficacia de los antivenenos y desarrollar tratamientos más específicos para atender las mordeduras de víboras.
El investigador Juan Miguel Borja Jiménez explicó que estos trabajos se realizan desde hace alrededor de 20 años y buscan conocer la composición de los venenos de distintas especies de serpientes para identificar sus variaciones entre regiones del país.
Señaló que México es la nación con la mayor diversidad de serpientes de cascabel en el mundo; sin embargo, durante muchos años la información científica disponible provenía principalmente de estudios realizados en Estados Unidos.
Comentó que una de las principales conclusiones de las investigaciones es que una misma especie puede producir venenos con efectos distintos dependiendo de la zona donde habita.
Como ejemplo, mencionó a la serpiente de Cascabel Llanera (Crotalus scutulatus), cuyo veneno presenta diferencias importantes entre poblaciones.
Mientras en algunas regiones existen toxinas con efectos neurotóxicos que pueden provocar parálisis y fallas respiratorias, en la Comarca Lagunera predominan compuestos que generan hemorragias y daños en los tejidos.
El investigador indicó que, además de caracterizar los venenos, el equipo analiza la capacidad del antiveneno que se utiliza actualmente en México para neutralizar las diferentes variantes encontradas en las especies estudiadas.
Explicó que en el país se cuenta con un solo antiveneno para atender las mordeduras de todas las especies de víboras, producto que ha demostrado ser eficaz, aunque existen áreas de oportunidad para desarrollar tratamientos más específicos, incluso con la posibilidad de crear antivenenos regionales.
Borja Jiménez destacó que el estudio de los venenos tiene aplicaciones que van más allá del tratamiento de mordeduras, ya que algunas de sus moléculas han servido para desarrollar medicamentos utilizados actualmente en medicina, como el captopril para el control de la hipertensión arterial.