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La muerte no siempre avisa con pasos ruidosos; a veces, viste bata de enfermera y sonríe con una falsa ternura. A finales de los noventa, la Ciudad de México se convirtió en el escenario de una pesadilla digna del mismísimo Stephen King. Las calles respiraban paranoia mientras las ancianas aparecían sin vida en sus hogares, con el último aliento robado por manos implacables.
Una vida marcada por la adrenalina
Detrás de aquella sombra errante se escondía una identidad profundamente perturbadora: Juana Barraza Samperio. Marcada por una infancia siniestra de crudos abusos y abandono, Barraza esculpió una doble vida macabra. Ante el público, era "La Dama del Silencio", una imponente luchadora profesional que descargaba su furia sobre la lona. Al bajar del cuadrilátero, su verdadera y letal naturaleza despertaba.
Su mente albergaba un resentimiento voraz. Convencida de que el mundo exterior le debía algo, Barraza eligió como blancos perfectos a indefensas mujeres de la tercera edad que vivían solas. En cada una de ellas, según analistas criminológicos, la asesina castigaba simbólicamente la figura de su propia madre, proyectando un ciclo interminable de venganza que tiñó de sangre la metrópoli.
Un modus operandi cruel y sanguinario
El método de caza era sumamente preciso y escalofriante. Se disfrazaba de enfermera o trabajadora social para derribar las defensas de sus víctimas. Una vez cruzado el umbral del hogar, la supuesta cuidadora se transformaba en verdugo. Utilizando herramientas cotidianas como estetoscopios o cables telefónicos, estrangulaba a las ancianas sin piedad, coleccionando pequeños trofeos antes de desaparecer sin dejar rastro alguno.
Pero sus crímenes no durarían para siempre
La impunidad de este monstruo vecinal terminó el 25 de enero de 2006. Aquella fría mañana, Barraza cometió un error letal en la populosa colonia Moctezuma tras asesinar a Ana María de los Reyes Alfaro, de 89 años. Un inquilino descubrió el cuerpo e interrumpió su huida. La policía logró capturarla a unas calles, desvelando al fin el rostro de la asesina más buscada.
Tras su arresto, el sistema judicial enfrentó la cruda magnitud de su barbarie. En la primavera de 2008, un juez penal la declaró culpable de 16 homicidios y varios robos agravados. La condena fue tan monumental como sus crímenes: setecientos cincuenta y nueve años de prisión. La mujer robusta que desafiaba a las cámaras quedó confinada para siempre tras los fríos muros.
¿Qué es actualmente de 'La Mataviejitas'?
Existe la idea popular de que el fin de la historia de un criminal incluye su funeral, pero ojo: Juana Barraza no ha muerto. A sus 68 años, permanece recluida en el penal de Santa Martha Acatitla. Aunque ha sufrido severos problemas de salud que la llevaron al hospital, el tiempo transcurre lento para la criminal, atrapada viviente en su propio laberinto de cemento gris.
El caso de "La Mataviejitas" sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva nacional. Recuerda el horror cotidiano: el mal no proviene de dimensiones desconocidas, sino que camina entre nosotros, viste ordinario y saluda cordialmente por las mañanas. Hoy, la Dama del Silencio calla tras las rejas, pero el eco de su siniestro paso resuena eternamente.