
La apuesta
Cayó el dictador pero la dictadura sigue en pie. La captura de Maduro no tiene nada que ver con la restauración democrática. Se trata de una afirmación imperial que se deshace de una figura incómoda, de una amenaza a los que se quedan y de un aviso al resto del continente. El presidente de los Estados Unidos tiene el poder y la voluntad de deshacerse de cualquier figura en el hemisferio. La ley interna, el derecho internacional, la soberanía de las naciones, la democracia le tienen sin cuidado. El autócrata solo quiere autócratas afines y democracias subordinadas. La ilegitimidad del gobierno de Maduro, el fraude electoral que lo mantuvo en el poder, la persecución a los disidentes no tienen nada que ver con la intervención militar del fin de semana.
Las fiestas por la nueva era en Venezuela son, por lo menos, prematuras. El gobierno de Trump declara que asume el control del país y que, a partir de ahora, se harán cargo de Venezuela los señores que planearon y ejecutaron la maniobra militar. No parece que tras las bombas y la detención haya una idea clara de qué hacer ahí. Nosotros estamos al mando en Venezuela, pero, al mismo tiempo, hemos entrado en negociaciones con quien ha asumido el poder ejecutivo en remplazo de Maduro.