
La autoayuda
Una corriente tan poderosa como un tsunami se apoderó de los medios de comunicación y de otros espacios culturales hacia el final del siglo pasado y el inicio del presente. Su influencia penetró con fuerza, impulsada por nuevas ideas que la sociedad comenzaba a asumir. La búsqueda de la felicidad como meta prioritaria se instaló en la conciencia colectiva, especialmente en las clases medias de los países occidentales. Los medios de comunicación fueron aprovechados por los mercadotecnistas para vender no solo libros y revistas, sino también espacios digitales y plataformas que alojan deseos inmediatos, donde la frustración es intolerable. Además, exaltaron el goce individual y promovieron la construcción del sujeto emprendedor.
En este contexto proliferaron libros, conferencias, plataformas digitales, sesiones de coaching y múltiples formas de mercadeo que promueven la idea de que cada persona debe invertir en sí misma como si fuera una empresa. Se insiste en que el individuo debe desarrollarse como exitoso en la inversión de capitales de todo tipo: monetarios, culturales, relacionales y hasta emocionales, siempre bajo el signo de la moda.
Las ideas que circulan en esta corriente no son nuevas; lo novedoso es su orientación hacia lo fácil, lo inmediato y lo susceptible de conseguir mediante fórmulas que se quedan en la superficie del pensamiento. A lo largo de la historia de la literatura se han escrito obras que contienen consejos para ser mejores, todas basadas en la concepción que cada autor tiene del ser humano y a lo que este debe aspirar, lo que deriva en doctrinas a menudo opuestas entre sí.
Uno de los primeros precursores de la actual autoayuda fue Samuel Smiles, autor de un libro titulado precisamente Autoayuda. Allí escribió: "Cada ser humano tiene una gran misión que lograr, nobles facultades que cultivar, un vasto destino que cumplir. Debe de tener a mano los medios que la educación provee, ejerciendo libremente todos los poderes de su naturaleza deiforme…" Sin embargo, Smiles no explica cómo los lectores pobres, cultural o económicamente, podrían hacerse de esos medios educativos para ejercer sus propias capacidades divinas. Simplemente supone que en su mundo no existen personas sin acceso a una educación suficiente para alcanzar bienes culturales.
Lo mismo sucede con sus seguidores, quienes en sus textos ofrecen fórmulas que parecen obvias, pero resultan inalcanzables para casi todos. A la mayoría de la población, su condición económica le impide entrar en los círculos elitistas donde se concentran la riqueza y el poder.
Otro autor que impulsó esta corriente fue Og Mandino, con El vendedor más grande del mundo. Según él, cualquiera puede acceder a riquezas casi infinitas si tiene la disciplina suficiente para trabajar en actividades comerciales, ahorrar, reinvertir y repetir el ciclo hasta acumular un enorme capital que le permita vivir como rey. Mandino ignora culpablemente el hecho innegable de que la mayoría carece de capacidad económica para realizar inversiones mínimas, mucho menos para fundar una empresa transnacional.
La misma exposición se repite en los best sellers de autoayuda y superación personal. Nos dicen cómo debería ser la vida de quien pretende acumular riqueza u otros bienes, pero omiten cualquier referencia a la inaccesibilidad que enfrenta la gran masa de la población para disfrutar de satisfactores materiales o culturales. Para ello se requiere contar ya con un capital suficiente que permita emprender negocios o aprender disciplinas que resultan imposibles de adquirir para quienes deben trabajar día a día solo para cubrir lo básico.
En textos como El sutil arte de que todo te importe una mierda, los problemas sociales, complejos en sí mismos, se simplifican de manera casi demoníaca. Se proponen fórmulas mágicas llenas de obviedades que, sin embargo, venden millones de ejemplares. Esto es posible porque aprovechan un mercado de consumo emocional, donde el equilibrio entre razón y sentimiento se diluye y donde la promesa de soluciones rápidas se convierte en mercancía.
La autoayuda se presenta como un espejismo que ofrece caminos fáciles hacia la felicidad y la riqueza, pero que en realidad reproduce desigualdades y oculta las condiciones materiales que hacen imposible su cumplimiento para la mayoría. Su éxito editorial y mediático no radica en la profundidad de sus ideas, sino en la habilidad para explotar las ansiedades de una sociedad que busca certezas inmediatas en un mundo cada vez más incierto.