
La compra
“En materia de economía, nuestro partido es antineoliberal y de izquierda y con esas convicciones participa [...] en el movimiento planetario de construcción de un nuevo paradigma humanista, fraterno y sustentable”. Esto reza el párrafo décimo tercero de la Declaración de Principios de Morena.
Para un movimiento humanista y fraterno es revelador que buena parte de su poder lo haya obtenido comprando voluntades. AMLO entiende bien que el dinero genera lealtades.
La “compra” más importante es la del voto. Como lo dijo en 1997 respecto al gasto social en el gobierno de Salinas de Gortari. “Ellos apuestan mucho a derramar recursos para crear un ambiente artificial de prosperidad. Utilizan recursos para dar ayudas personalizadas y obtener los votos [...] si el PRI no utiliza el presupuesto público, no ganaría la mayoría de las elecciones”.
Además, ahora están los Servidores de la Nación. Reclutados entre los promotores del voto de Morena en el 2018, su papel es recordarle al elector la importancia de votar por ellos si quieren seguir recibiendo las transferencias. Si bien se encuentran definidas en la Constitución, su distribución es opaca.
A la CNTE se le compró con carretadas de dinero la paz durante el Mundial.
Ahora el SNTE quiere su tajada. Ya se formaron en la fila los estudiantes de algunas escuelas normales públicas. Vendrán otros. Por esto, para los movimientos populistas tipo Morena es tan difícil mantener finanzas públicas sanas. El costo de mantener el apoyo ciudadano se va encareciendo y cortar las ayudas públicas es políticamente suicida. Lo público también se va deteriorando, pues para pagar las pensiones, el rubro presupuestal que más crece, han tenido que recortar el resto del gasto público.
Para cuando el dinero no alcance, AMLO diseñó tres diques para retener el poder incluso si el ciudadano se enoja mucho. El primero, tener un Poder Judicial a modo. Una vez que AMLO vio cuán complicado era presionar a jueces y magistrados, y que no los podía comprar con privilegios, se deshizo de ellos.
Ahí están los resultados. El gobierno gana la mayoría de los juicios y ya no corre el riesgo de perder el poder por una determinación judicial.
El segundo fue quedarse con el control de las instituciones electorales. Esto le ha permitido a Morena y sus aliados desde tener la mayoría constitucional a hacer que el INE le pida a Somos México, recién autorizado como partido político con ese nombre, que lo cambie.
Lo dejarán competir, pero bajo sus condiciones.
El tercero y más reciente, es poder cancelar una elección por supuesta injerencia extranjera. En Colombia, Petro se vio lento; podría haber evitado entregar el poder con una reforma electoral como la nuestra. Lo cierto es que en ese país tal reforma no sería posible pues hay división real de poderes.
El otro gran riesgo de gobiernos populistas de izquierda son los militares.
AMLO recuerda bien el golpe militar contra Salvador Allende en Chile en 1973. No se podía despedir a todos los militares para poner morenistas. No se hubieran dejado. Tampoco era viable como en el Poder Judicial, una elección por voto popular, hubiera sido ridícula.
Había otra ruta: darles negocios.
Hoy las Fuerzas Armadas administran aeropuertos, trenes, obra pública, aduanas, hoteles... No tienen que ganar dinero en estas actividades; se les da en el presupuesto federal para cubrir los constantes déficits operativos. Dada la histórica opacidad de las Fuerzas Armadas, más la creciente falta de rendición de cuentas de Morena, el campo está fértil para todo tipo de negocios.
Como el presupuesto federal se destina a las clientelas, se gasta poco en los bienes y servicios públicos y con ello el crecimiento potencial del país ha disminuido. A esto hay que sumarle el enfoque antiempresarial de Morena, visible particularmente en el sector energético.
Bajo crecimiento y costos crecientes para comprar apoyos es una receta complicada de sostener de forma democrática.
ÁTICO
Morena ha obtenido gran parte de su poder comprando voluntades; el costo lo pagan los bienes y servicios públicos.