
La democracia de Estados Unidos
En este momento ya se conocen los resultados de las elecciones intermedias en nuestro vecino del Norte y es incuestionable que el voto de castigo a los republicanos favoreció a los demócratas en niveles que los sorprendió incluso a ellos. Este no es el fin de la era Trump; en todo caso, ahora estará más controlado y acotado que antes, sin embargo, también se encuentra en una situación en la que tiene cada vez menos qué perder, por lo que sigue presente el riesgo de que siga tomando medidas erráticas.
Un chiste común sobre presidentes es que casi al inicio de su mandato reciben una llamada desde El Vaticano, siendo el mismo Papa quien los llama para felicitarlos. “Y por qué me felicita Santo Padre?” “Porque en unos cuantos meses lograste que hubiera millones de arrepentidos”.
Pareciera que es lo que ocurrió en nuestro vecino del Norte, sólo que debieron pasar casi dos años para que hubiera oportunidad de que la sociedad norteamericana lo manifestara.
Visto allende las fronteras de EU, varias medidas tomadas por el actual presidente no sólo atentaban contra los Derechos Humanos, como el endurecimiento del ICE que provocó auténtica paranoia entre los indocumentados que viven en ese país, sino que también atentaron contra la propia hegemonía del país, por ejemplo, reduciendo fondos a la organización USAID o reduciendo el financiamiento a estudiantes internacionales que estudiaban o trabajaban dentro de sus universidades. Al interior del país las cosas no mejoraron, de ahí el voto de castigo.
Una característica de la democracia de nuestro vecino del Norte es que tiene un sistema de pesos y contrapesos que limitan el poder de los diversos poderes. El ejecutivo está acotado por el poder legislativo y por el poder judicial. Con el resultado electoral del martes pasado, el poder ejecutivo ahora estará más restringido, pues tendrá un congreso con mayoría opuesta al color de su partido. Adicionalmente, dentro de los propios republicanos hay opositores al actual presidente.
Este hecho, sin embargo, tiene riesgos.
Probablemente el más importante es que Trump ahora tiene menos qué perder y menos tiempo, por lo que las medidas tomadas en los meses venideros podrían ser aún más desesperadas y el costo de restringir sus medidas sería mayor. Muy probablemente sería mejor compatibilizar agendas con los demócratas, pero el actual ejecutivo no se ha caracterizado por tener capacidad negociadora, sino más por ser impositivo.
Independientemente de las negociaciones con el nuevo congreso, el tiempo también corre en su contra. Los periodos presidenciales en EU son de cuatro años. Estamos aproximadamente en la mitad, por lo tanto, en el mejor de los casos le quedan dos años. También se encuentra en juego la próxima presidencia, dados los resultados electorales lo más probable es que los republicanos traten de tener una presidencia más moderada, pues el futuro del partido también está en juego. Esto sólo restringirá aún más al actual presidente.
No pasará mucho antes de que veamos las consecuencias de los resultados electorales.
*** Cuando se creó el INE, antes IFE, tenía un prestigio y reputación que mostraba que era garante de una contienda electoral apegada a la Ley. Hoy la institución está lastimada. La desacreditación del instituto, sin embargo, no comenzó en esta administración ni en la pasada. Hace al menos veinte años que los funcionarios que administran al instituto han dado de qué hablar. El actual contexto, con todo, puede ser una oportunidad para limpiar su nombre y devolverle el perfil y carácter que tenía cuando se creó, por allá en 1990.
*Docente de la maestría en Economía, FES Aragón-UNAM