
La hora de la verdad para la derecha latinoamericana
América Latina dio un giro dramático hacia la derecha con las recientes elecciones en Colombia, Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, Argentina, Ecuador y varios países de Centroamérica. Este nuevo mapa político abre una oportunidad inédita para que gobiernos promercado coordinen esfuerzos y atraigan una ola de inversiones a la región.
¿Pero lo harán o se irán cada uno por su lado?
Cuando entrevisté al presidente argentino Javier Milei hace unos meses, me dijo que se está formando un bloque de países de la región para "abrazar las ideas de la libertad".
"Estoy trabajando activamente por eso", me dijo Milei. "Ya hay un grupo de diez países que estamos trabajando y que vamos a seguir avanzando".
Milei no dio más detalles. Pero él u otro presidente debería aprovechar la coyuntura para impulsar medidas regionales que rompan las barreras burocráticas que inhiben las inversiones, el comercio y el turismo a la región.
Es cierto que el presidente Donald Trump inauguró en marzo en Miami el "Escudo de las Américas", una coalición de 11 países para coordinar fuerzas militares y policiales, combatir a los carteles y frenar la inmigración ilegal. Eso podría ayudar a reducir la violencia.
Sin embargo, la alianza de seguridad de Trump no incluye temas económicos. Por el contrario, Trump ha anunciado aumentos de los aranceles a América Latina, igual que al resto del mundo, y cortó la ayuda externa.
Sería ingenuo que la nueva camada de presidentes conservadores espere que Trump lance una iniciativa comercial para ayudar a la región. El propio Trump reconoció el primer día de su segunda presidencia que América Latina no le importa demasiado: "Ellos nos necesitan a nosotros más que nosotros a ellos. Nosotros no los necesitamos", dijo.
Sin embargo, hay varias medidas que los presidentes promercado de la región podrían tomar para atraer inversiones.
Primero, deberían firmar convenios de libre comercio interregional de productos específicos para permitir que un inversor extranjero pueda, por ejemplo, producir piezas en Argentina, ensamblarlas en Perú, y exportarlas a Asia desde Ecuador sin trabas arancelarias.
En lugar de crear una nueva burocracia regional y empezar a negociar acuerdos generales que tardan años, podrían firmar un "acuerdo de facilitación comercial rápida" para determinados productos, como se hizo en Europa antes de la creación del mercado común.
En 1951, los europeos firmaron un acuerdo para facilitar el intercambio de dos productos - el carbón y el acero- y con los años lo fueron expandiendo a cada vez más bienes hasta llegar a lo que hoy es la Unión Europea.
En América Latina ocurrió lo contrario: se empezó por la poesía. Hubo grandes cumbres, declaraciones y grandiosos anuncios sobre la integración regional, y se dejaron para el futuro medidas concretas que nunca se materializaron.
Los países promercado de América Latina podrían eliminar aranceles a productos agroindustriales, autopartes, y tecnología, implementar ventanillas únicas digitales para inversores y reducir tiempos aduaneros a un máximo de 48 horas entre países miembros.
Por increíble que parezca, el comercio intrarregional en América Latina representa menos del 15% de las exportaciones totales de la región. Comparativamente, el comercio interno de Europa alcanza el 66% de todo su intercambio comercial, según el Fondo Monetario Internacional.
Segundo, los gobiernos de centro-derecha y derecha de la región podrían establecer un "pacto de estabilidad para la inversión" con compromisos verificables, como no imponer impuestos retroactivos, garantizar la libre repatriación de capitales y someter disputas a organizaciones internacionales de arbitraje reconocidas.
Tercero, podrían crear una visa turística única para toda la región, como las visas Schengen en Europa. Hoy día, con algunas excepciones - como la visa única de Centroamérica, o los permisos de entrada que ofrece México a turistas que tengan visas vigentes de Estados Unidos- cada país latinoamericano exige su propia visa.
Un turista chino que quiera visitar Sudamérica debe obtener una visa para Argentina, otra para Chile, y otra para Ecuador. Si hubiera una visa regional, América Latina podría recibir una tajada mucho mayor de los 140 millones de turistas internacionales anuales de China.
La pregunta dejó de ser si América Latina tendrá gobiernos más favorables al mercado. La pregunta ahora es si esos gobiernos tomarán medidas concretas de integración comercial. América Latina necesita menos discursos ideológicos, y más decisiones coordinadas para atraer un aluvión de inversiones.