
La inteligencia estratégica como instrumento de poder nacional y de maniobra geopolítica
Desde 2018, México redefinió la forma en que ejerce el poder tanto hacia adentro como hacia afuera. Iniciando una transformación política basada en la centralización del Ejecutivo, la expansión de programas sociales y una narrativa de soberanía y combate a la corrupción. Al mismo tiempo, la política exterior adoptó un pragmatismo enfocado en preservar la relación con EUA, empezándose a involucrar recientemente en disputas geopolíticas mayores. "El resultado, hasta hoy, es un país con estabilidad macroeconómica relativa y fragilidad ante el crimen en seguridad territorial. El fondo del debate no es ideológico, es estratégico".
"La Política Interior" fortaleció la figura presidencial y redujo intermediarios institucionales. Reorientó presupuesto a transferencias sociales directas y empequeñeció organismos autónomos. El mensaje fue claro: el poder debía sustituir del centro al ciudadano, para combatir inercias y corrupción.
"La consecuencia es un Ejecutivo fuerte, sin capacidad estratégica para anticipar y gestionar riesgos complejos."
En el plano de la Seguridad, cuatro cambios fueron determinantes: la destrucción de la Inteligencia estratégica; el incremento de la participación militar en el espacio estatal y su preservación en la Seguridad Pública; el abandono de los sistemas de seguridad y justicia; y la injerencia del crimen en todos los ámbitos de la seguridad nacional e interna.
"Destruir la inteligencia estratégica; saturar Fuerzas Armadas; abandonar la seguridad; y la justicia, no fortalece al Estado, lo deja operando sin dirección estratégica."
La Reconfiguración institucional desapareció órganos autónomos, presionó presupuestalmente los contrapesos y concentró decisiones en el Ejecutivo, alterando el equilibrio Constitucional del sistema político; sumando una Política social masiva con transferencias económicas directas como instrumento de legitimidad y contención social, "sin lograr la reducción estructural de la pobreza, y la violencia".
"En Política Exterior", México participa, tanto en la integración regional vía T-MEC, como amortiguador migratorio, atendiendo un marco donde las reglas estratégicas son definidas predominantemente por EUA.
"La relación de -interdependencia subordinada es estable-, pero profundamente asimétrica".
La integración Económica con nuestro vecino conservó un modesto crecimiento económico de 1.2% de 2018-2024, manteniéndonos como socio comercial, con estabilidad cambiaria relativa y aumento apoyado en exportaciones manufactureras, -con alta dependencia externa-. Las Finanzas Públicas mantienen estabilidad macroeconómica, acceso a mercados financieros internacionales y -exponencial crecimiento en deuda externa de gobiernos-.
"La confianza externa no se ha roto. Pero, seguimos sin transformar la producción interna."
La industria manufacturera vinculada a cadenas norteamericanas se fortaleció, especialmente en sectores automotriz, electrónico y de dispositivos médicos. Sin embargo, la integración es limitada en contenido tecnológico nacional.
"Nuestra expansión industrial es dependiente y con bajo valor agregado interno en algunas
Ramas".
La producción exportadora creció más que la orientada al mercado interno. Las regiones integradas al comercio exterior avanzaron; otras quedaron rezagadas.
"El desarrollo regional es desigual por la injerencia criminal."
El 80-83 % -del total de nuestras exportaciones- son para EUA. Reduciendo incertidumbre comercial en el corto plazo, con variaciones periódicas por cambios regulatorios, políticos o electorales en nuestro vecino.
"El modelo da estabilidad y genera oportunidades industriales, sin ampliar la autonomía estratégica por la gran asimetría en capacidad de decisión gubernamental".
En términos de Seguridad Nacional, nuestra dependencia económica es también vulnerabilidad estratégica. Si un país no controla plenamente su territorio, energía, infraestructura crítica y sus sistemas de seguridad y justicia, su posición negociadora se debilita. La inseguridad interna erosiona la credibilidad externa; y sin inteligencia estratégica que vincule crimen organizado, economía ilícita, presión internacional y política comercial, "el gobierno fragmenta su visión".
El margen de maniobra geopolítico no se obtiene con discursos de soberanía, sino mediante capacidades reales. Diversificar mercados, fortalecer cadenas de valor nacionales, blindar sectores estratégicos y reducir vulnerabilidades energéticas requiere análisis profundo y coordinación institucional.
"Esa coordinación solo es posible cuando la Inteligencia Estratégica ocupa el centro de la toma de decisiones".
Hoy México enfrenta una coyuntura histórica: el reordenamiento mundial, la competencia tecnológica global y la relocalización industrial le otorgan una posición privilegiada. Pero esa posición puede consolidarse o diluirse. Si el país anticipa escenarios, fortalece su seguridad interna y articula diplomacia económica con inteligencia estratégica, ampliará su autonomía efectiva.
"Si solo se quiere administrar la relación con criterios irrefutables, seguirá operando sometido a los límites impuestos por la asimetría".
La integración económica ha sido funcional. La estabilidad diplomática ha sido prudente. Pero el verdadero poder estratégico depende de la anticipación, control territorial y diversificación. La Seguridad Nacional del siglo XXI se sostiene con inteligencia estratégica capaz de transformar dependencia en capacidad de decisión.
"En geopolítica, quien anticipa amplía su margen de maniobra y quien solo reacciona, lo reduce."
* El autor de esta colaboración es General de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa.