
'La menopausia no es una enfermedad'; propone diputada capacitar al personal de salud
El paso de las mujeres por la menopausia requiere atención y acompañamiento, enfatizó la diputada Ana María Durón, quien propuso incorporar en la Ley de Salud del Estado de Durango, la atención específica de la menopausia y el climaterio como parte de las obligaciones del sistema estatal de salud.
“La propuesta reconoce que la menopausia es un proceso fisiológico natural que requiere atención y acompañamiento adecuados para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de las mujeres, contribuyendo así a la igualdad sustantiva entre los géneros en materia de salud”, explicó.
Destacó que la menopausia no es una enfermedad ni una condición que deba ocultarse, sino una etapa natural del ciclo de vida de las mujeres que marca el cierre de la etapa reproductiva y el inicio de una nueva fase que también requiere acompañamiento médico, social y emocional.
En este sentido, detalló que se busca capacitar al personal de salud, generar información accesible basada en evidencia científica y garantizar servicios preventivos, diagnósticos y terapéuticos que permitan atender de manera digna esta etapa, contribuyendo a construir un sistema de salud más justo, incluyente y con perspectiva de género para las mujeres del estado.
Advirtió que la falta de atención integral durante el climaterio incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y trastornos de salud mental, que actualmente representan algunas de las principales causas de morbilidad entre las mujeres.
Señaló que para muchas mujeres esta transición suele vivirse con desinformación, miedo y, en numerosos casos, sin el acompañamiento adecuado del sistema de salud, lo que genera condiciones de vulnerabilidad que afectan su bienestar y calidad de vida.
¿Qué es la menopausia?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la menopausia suele presentarse entre los 45 y los 55 años de edad. Durante esta etapa, las mujeres pueden experimentar diversos cambios físicos y emocionales como sofocos, sudoraciones nocturnas, insomnio, ansiedad, cansancio extremo, alteraciones del estado de ánimo, dolores articulares y problemas de concentración.
Aunque en algunos casos los síntomas pueden ser leves, para muchas mujeres resultan intensos y persistentes, afectando su salud física y mental, su desempeño laboral y sus relaciones familiares y sociales. Históricamente estos padecimientos han sido minimizados bajo la idea de que “es normal” o que deben enfrentarse en silencio.