
La paz de Durango frente al espejo de Zacatecas
El hallazgo de diez personas asesinadas en Zacatecas -algunas de ellas colgadas de un puente- devolvió al estado escenas propias de una violencia que nos recuerda que la seguridad nunca tiene logros definitivos. Puede mejorar durante meses, incluso años; no obstante, basta una sola jornada de violencia extrema para recordarnos que el crimen organizado conserva su capacidad de sembrar miedo y enviar mensajes de poder.
Durante los últimos años, Zacatecas había logrado construir una narrativa basada en la reducción de los homicidios dolosos. Las cifras oficiales respaldaban una recuperación gradual y las autoridades presentaban esos indicadores como evidencia de que la estrategia de seguridad comenzaba a consolidarse. Sin embargo, la violencia no siempre respeta las estadísticas.
Los hechos resultan aún más alarmantes por el perfil de las víctimas. Y es que, a diferencia de episodios registrados en años anteriores, cuando la violencia se asociaba principalmente con disputas entre grupos criminales, en esta ocasión las víctimas son empresarios y funcionarios públicos, entre ellos dos duranguenses: el exregidor de Canatlán, Andrés Vázquez Gurrola, y el ganadero José Ángel Valdez Rivera.
Hasta hoy, la autoridad no ha establecido que las víctimas mantuvieran vínculos con actividades delictivas. Empero, ese hecho modifica el significado del mensaje criminal. Cuando la violencia alcanza a actores de la vida pública, la incertidumbre se expande y la sensación de vulnerabilidad crece, porque desaparece la percepción de que estos actos tienen como destinatarios exclusivamente a integrantes de organizaciones rivales.
Para Durango, el problema de Zacatecas trasciende el hecho de ser una entidad vecina. Basta recordar que, durante los años más críticos, los enfrentamientos, bloqueos carreteros y ataques armados terminaron extendiéndose hacia la zona limítrofe entre ambos estados, afectando el tránsito de transportistas, empresarios y familias que diariamente recorren esa ruta.
Hoy, a diferencia del pasado, el despliegue extraordinario de fuerzas federales en Durango ha permitido importantes aseguramientos y detenciones. Sin embargo, es indispensable que esa presencia no se debilite. La reactivación de la violencia en Zacatecas obliga a reforzar la vigilancia en los límites estatales para impedir que grupos criminales desplacen sus operaciones hacia territorio duranguense.
El regreso de escenas dantescas que parecían superadas en Zacatecas representa también una prueba para la estrategia federal de seguridad. Más allá de cifras alegres, estos episodios recuerdan que la reducción de los delitos debe consolidarse con resultados sostenidos y no solamente con estadísticas que se interpretan y se venden a modo.
La principal lección es evidente: la paz nunca puede darse por garantizada. Zacatecas enfrenta nuevamente el enorme reto de recuperar la confianza ciudadana, mientras Durango haría mal en interpretar esta tragedia como un problema exclusivamente ajeno. Cuando la violencia reaparece tan cerca, la prevención deja de ser una opción para convertirse en una obligación.
EN LA BALANZA.- El expresidente de México, Vicente Fox Quesada, estuvo el pasado fin de semana en Durango para la presentación del libro de su amigo, Rodolfo Elizondo Torres. Durante el evento se mostró cordial, relajado y lúcido en su intervención. Sin embargo, minutos antes, a su llegada al recinto, protagonizó un momento desafortunado al dirigirse de manera grosera a un grupo de reporteros que lo esperaba desde hacía casi una hora. Molesto por las preguntas relacionadas con la detención de Ernesto Ruffo Appel, a quien se investiga por un presunto caso de huachicoleo fiscal, Fox respondió con gritos y desdén hacia los periodistas. En contraste, la diputada federal Margarita Zavala y el excanciller Jorge Castañeda Gutman atendieron con apertura y respeto a los representantes de los medios de comunicación.
X: @Vic_Montenegro