
La política de la coincidencia temporal
Las declaraciones realizadas por el presidente Trump en el marco de la reunión del G7 constituyen un ejemplo significativo de un discurso de "hard power" y de securitización de la relación bilateral con la administración de Sheinbaum. Washington continúa con la estrategia de una escalada contra el gobierno mexicano en lo que ya es una dinámica ríspida y sin matices.
En dicho foro internacional el magnate espetó en su conferencia de prensa que México ha perdido capacidad para enfrentar al crimen organizado y que los cárteles dominan el territorio nacional. Sin reparos diplomáticos, Trump describió a la Presidenta mexicana como "..una mujer buena pero que está muy asustada.." Trump vuelve a combinar expresiones de reconocimiento o elogio hacia ella con críticas, presiones y descalificaciones sustantivas en una estrategia discursiva de ambivalencia pasivo-agresiva diplomática con un doble mensaje (geo)político.
Esta práctica dictada desde la Casa Blanca consistiendo en suavizar el impacto de una postura confrontativa mediante comentarios positivos -en momentos donde tienen una amplia audiencia- preservan las formas diplomáticas, mientras simultáneamente se transmiten exigencias, reproches y amenazas implícitas.
En el caso de las sistemáticas interacciones del presidente estadounidense hacia Sheinbaum, el elogio personal funciona como mecanismo de cortesía estratégica que legitima posteriormente un amago más severo sobre temas de seguridad, migración y combate a las organizaciones narcoterroristas. De esta manera el halago no elimina el contenido coercitivo del mensaje, sino que lo reviste de una apariencia de cordialidad, permitiendo ejercer presión política sin romper completamente los canales de cooperación diplomática. Y de paso Estados Unidos se vacuna ante la comunidad internacional cuando decida emprender acciones militares unilaterales.
El caso de la lista de los narcopolíticos de Morena está inscrito en esta cuidadosa estrategia diseñada para ir subiendo la presión diplomática-comercial-militar.
En una sintonía de precisión, el presidente Trump y el vicepresidente Vance exhibieron una convergencia estratégica y selectiva coordinando discursos de manera puntual y eficaz orientada a un objetivo concreto; anunciarle a la comunidad internacional que Estados Unidos se reserva el derecho de emprender una acción militar en México.
Otra señal de que la paciencia se acabó y que no disimula ni da pie a ambigüedades. La tibia respuesta de la Presidenta enmarcada en la defensa de los narcoactores omnipresentes sólo abona a la certeza preconcebida del futuro próximo. El guion de Washington está señalando la posibilidad del uso de la fuerza como instrumento de política exterior.
Y nuevamente en geopolítica no hay coincidencias; el timing de ambas declaraciones en el marco del G7 no sólo proyectan "hard power" frente a una amenaza transaccional, sino también como herramienta política comercial para fortalecer la posición estadunidense en la revisión formal del T-MEC.
Con ello se incrementan los costos políticos para Sheinbaum si continúa resistiéndose a las demandas de Washington en torno a los narcopolíticos que son el epicentro de la amenaza para preservar la seguridad hemisférica.
La coincidencia temporal entre los amagos de intervención militar y la revisión del T-MEC resulta altamente significativa ya que refuerza la percepción de una hoja de ruta de presión política multidimensional.