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La soberanía de México frente a Estados Unidos

Entre la vecindad, la dependencia y la dignidad nacional.

La soberanía de México frente a Estados Unidos

La soberanía de México frente a Estados Unidos

VANESSA BARDÁN PUENTE

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos… La conocida frase refleja una idea que ha estado muy presente en la historia mexicana: la compleja relación con Estados Unidos, marcada por la cercanía geográfica, la dependencia económica, los conflictos históricos y las diferencias de poder entre ambos países, una tensión histórica aún vigente.

México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más transitadas del mundo. Millones de personas cruzan para trabajar, estudiar, hacer negocios o visitar a sus familias. Las economías de ambos países están profundamente conectadas, México depende en gran medida del comercio con Estados Unidos. Millones de empleos están relacionados directa o indirectamente con esa relación económica. Sus culturas se influyen mutuamente y sus destinos, para bien o para mal, han estado ligados durante más de dos siglos. Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos...

Sin embargo, la cercanía nunca ha significado igualdad absoluta. La relación entre ambos países siempre ha estado marcada por una diferencia evidente de poder económico, militar y político. Mientras uno es considerado una de las principales potencias mundiales, el otro ha tenido que construir su desarrollo y defender sus intereses a la sombra de un vecino mucho más fuerte. Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

Por eso, cuando se habla de soberanía mexicana, no se habla únicamente de territorio o fronteras. Se habla de la capacidad de tomar decisiones propias sin presiones externas, de proteger los intereses nacionales y de conservar el derecho a decidir el rumbo del país.

Para quien no lo recuerde, la historia ha dejado huellas profundas. México perdió más de la mitad de su territorio y continua viviendo momentos en los que su independencia se ha visto seriamente amenazada. Estos episodios nos recuerdan el alto costo que puede tener perder la capacidad de decidir nuestro propio destino. Cuando una nación pierde soberanía, no solo arriesga su territorio; también pone en riesgo sus instituciones, sus recursos naturales y su libertad para construir su futuro.

La pregunta entonces no es si México debe relacionarse con Estados Unidos. Esa relación es inevitable y necesaria. La verdadera pregunta es cómo mantener una cooperación estrecha sin renunciar a la autonomía nacional.

La soberanía hoy enfrenta desafíos distintos, ya no siempre se pone en riesgo mediante invasiones; también se pone a prueba en la economía, la tecnología, la migración, el comercio y la seguridad.

La soberanía moderna no consiste en aislarse del mundo. Ningún país puede hacerlo. Consiste en participar en él desde una posición de dignidad y capacidad de decisión. Un país soberano coopera, negocia y construye alianzas, pero procura que esas relaciones no sustituyan su voluntad propia.

México no necesita políticos de pacotilla ni vende patrias que acomoden sus decisiones a intereses extranjeros. Necesita servidores públicos con carácter, leales a México y capaces de defender los intereses nacionales por encima de cualquier presión externa. Pobre México, tan cerca de los Estados Unidos... y tan lejos de la soberanía cuando algunos de sus gobernantes representan intereses ajenos antes que los de la nación.

La defensa de la soberanía no depende solamente del gobierno, también depende de los ciudadanos informados y participativos, de las empresas, de las universidades y de la capacidad colectiva para construir un país más fuerte.

La relación entre México y Estados Unidos seguirá siendo compleja. Habrá momentos de cooperación y momentos de tensión. Habrá acuerdos, desacuerdos y negociaciones difíciles. Eso es normal entre vecinos con intereses distintos. No significa confrontación permanente, ni sumisión automática, significa la capacidad de dialogar desde el respeto mutuo, defendiendo los intereses propios sin perder de vista la necesidad de convivir y colaborar.

Quizá el mayor reto para México no sea alejarse de Estados Unidos ni depender completamente de él. Quizá el verdadero desafío sea encontrar un equilibrio donde la cercanía no implique subordinación y donde la cooperación no signifique renunciar a la identidad nacional.

Porque la soberanía no es solo una palabra escrita en la Constitución, es la convicción de que un país puede decidir su propio destino, incluso cuando comparte frontera con una de las naciones más poderosas del planeta.

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos... pero la verdadera fortaleza de una nación siempre dependerá de la lealtad de quienes la representan y del compromiso de sus ciudadanos por defenderla.

Escrito en: CARIÑOTERAPIA VANESSA BARDÁN PUENTE COLUMNA Estados, México, intereses, soberanía

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