
La sociedad diseñada
Pocas frases se han repetido tanto como ésta del crítico de la cultura Fredric Jameson: "Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Hasta el apocalipsis es negocio. Desde que alguien contó la primera historia de miedo al calor de una fogata, el ser humano disfruta con el espanto que puede superar. Los profetas new age, la ciencia ficción y Hollywood no dejan de imaginar vistosas maneras de acabar con el mundo.
En diciembre de 2012 México fue sede del "apocalipsis maya". Un bajorrelieve del sitio arqueológico de Tortuguero, Tabasco, parecía anunciar el fin de los tiempos. La mala noticia cautivó a mucha gente. A principios de ese año fui a Chichén Itzá para filmar un episodio de la serie Piedras que hablan y supe que los cuartos de todos los hoteles ya estaban reservados para presenciar el cataclismo de diciembre. La lógica del turismo parecía ser la siguiente: "Si todo se va a acabar, más vale verlo en primera fila".