
La última Batalla de La Angostura
En el devenir de la Historia de México y del norte de México como campo de guerra emerge como una estampa en particular lo que fue en su momento la Batalla de La Angostura en el marco de la Invasión estadounidense de 1847.
A diferencia de otras batallas reconocidas a partir de este conflicto bélico entre México y los Estados Unidos como las de Palo Alto o Resaca de la Palma donde la traición a sueldo y el oscuro espíritu de secta llevaron a un personaje infame como el General Mariano Arista a entregar la plaza a los enemigos -prácticamente sin ofrecer la debida resistencia- y sin enfrentar Corte marcial, la Batalla de La Angostura o de Buenavista, como suele ser más conocida por los historiadores académicos y militares al norte del Río Bravo, representa sin embargo un parteaguas en lo que pudo haber sido el antes y el después en el devenir de aquella guerra.
Bajo el mando de Antonio López de Santa Anna quien, en componendas poco claras con el enemigo, había sido vuelto a traer desde el exilio para ocupar de nuevo la Presidencia y compartir el poder junto al no menos controversial Valentín Gómez Farías, se logró formar una fuerza de soldados mexicanos que por voluntad y por leva venían marchando sin descanso desde San Luís Potosí a través del largo camino del desierto que empieza desde el Altiplano hasta los Estados de Coahuila y Nuevo León.
La importancia en este caso radica en que bajo las órdenes del once veces Presidente de la República se logró unir a personajes tan heroicos como destacados dentro de un mismo bando luchando por la mexicanidad; empezando por el Capitán John O' Reilly y su Heroico Batallón de San Patricio formado por irlandeses y otros veteranos de las Guerras Napoleónicas así como a futuros hombres del Partido Conservador y del llamado Liberal como Tomás Mejía, Pedro Ampudia, Luis González Osollo, Manuel María Lombardini Leonardo Márquez, Mariano Escobedo y Máximo Campos, enfrentándose contra otros de igual tamaño o fama como el General Zachary Taylor y el célebre Samuel Chamberlain -soldado, pintor y autor del celebre memorial de aquella guerra, titulado My Confession y hasta Lew Wallace autor de la novela Ben Hur, quien sirvió como asistente de Taylor — en uno de los episodios definitorios en el devenir de dos países.
Después de un asedio entre el terreno irregular entre lluvias y repentino sol, las fuerzas mexicanas apabullaron a los estadounidenses logrando casi diezmar el grueso de sus soldados gracias al sacrificio y al valor de los mexicanos hasta que al día siguiente, Santa Anna diera la sorpresiva orden de iniciar contramarcha y regresar a la capital potosina; hecho tan controversial como sorprendente pues este relámpago de triunfo pudo ser haber cambiado la suerte de toda la Guerra en favor de la causa nacional, sin la perdida de territorio y depredaciones sufridas al poco tiempo.
Desde entonces un grupo de patriotas mexicanos, coahuilenses y neoleoneses acompañados de algunas autoridades militares y civilesse han esmerado por conmemorar aquel célebre hecho de armas con discursos y coronas en torno al monumento que se encuentra en dicho sitio histórico.
Pero ahora La Angostura enfrenta quizá la peor de sus batallas debido a la falta de identidad, y conocimiento que, desde la codicia, están llevando recientemente a explotar y desmontar en pedazos aquel monumento nacional con fines innobles como han denunciado historiadores como Ahmed Valtier desde Monterrey y el Dr. Carlos Recio Dávila, académico de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), quien expuso que la zona ha sufrido modificaciones y recortes en su terreno desde la década de los noventa, situación que se agravó desde el 2008 y cuya depredación continúa de manera alarmante desde hace más de un mes bajo el pretexto de nuevas obras viales sobre un lugar en el que todavía se encuentran sepultados armas, balas, cañones y cuerpos de quienes se batieron en el campo del honor hace más de 150 años en un sitio histórico de tal importancia que, por su naturaleza, exige de nosotros no solo nuestra memoria sino un mayor