
La ventana abierta
ÁTICO
Parece lógico buscar superar el dolor escribiendo historias, pero a veces es más necesario un terapeuta que un tutor literario.
Hace años un amigo ya fallecido me pidió que orientara a su nieto en el vacilante terreno de la literatura: "Quiero saber si tiene madera de escritor", alzó el whisky que lo acompañaba en sus meditaciones, dando por hecho que yo aceptaba el encargo.