
¿Las bebidas calientes quitan el calor?
En pleno verano, cuando el sol parece no dar tregua, muchas personas han llegado a asegurar que una bebida fría es la única salvación. Sin embargo, hay quienes voltean la lógica y optan por un café o un té caliente. ¿Tiene sentido esta elección? Aunque suene contradictorio, la ciencia tiene una respuesta.
El cuerpo humano cuenta con un sistema de regulación térmica bastante sofisticado. Al consumir bebidas calientes, se eleva ligeramente la temperatura interna, lo que provoca una respuesta inmediata, sudar. Este mecanismo natural permite que, al evaporarse el sudor, la piel se enfríe y, con ello, también el cuerpo. En ambientes secos, este efecto puede ser especialmente eficaz.
No obstante, el truco no funciona igual en todos los contextos. En lugares con alta humedad, donde el sudor no se evapora con facilidad, tomar bebidas calientes podría resultar contraproducente, generando más incomodidad que alivio. Por eso, la experiencia varía dependiendo del clima, el entorno y hasta la ropa que se use.
Más allá de la física, también entra en juego la percepción. Una bebida caliente puede generar una sensación reconfortante que, curiosamente, ayuda a tolerar mejor el calor exterior.
Es una especie de “engaño” al cerebro que muchas culturas han adoptado durante siglos, especialmente en regiones desérticas o muy cálidas.
Al final, no se trata de reemplazar el agua fría en días sofocantes, sino de entender que el cuerpo responde de formas más complejas de lo que parece.
Quizá la próxima vez que el calor sea excesivo, una taza caliente no sea tan mala idea después de todo.