La mañana de este miércoles 7 de enero, las actividades de las personas que laboran o transitan cerca de la Plaza IV Centenario, en el Centro Histórico de la capital de Durango, se vieron interrumpidas tras un fuerte estruendo provocado por un flamazo que inició un incendio y alertó a todos. El hecho ocurrió en un comercio de gorditas ubicado en la esquina de Bruno Martínez y Pino Suárez.
Tras el estallido comenzaron los gritos y las personas corrieron para tratar de auxiliar. Pese al miedo, cuatro lavacoches que se encontraban en la plaza reaccionaron de inmediato para intentar apagar las llamas y ayudar a salir, principalmente, a cuatro mujeres que presentaban quemaduras.
Su reacción fue clave para evitar que hubiera más personas lesionadas y para mitigar el fuego mientras llegaban los bomberos. Aunque la atención por parte de Protección Civil fue rápida, al tratarse de un momento de crisis, la espera se sintió eterna.
Para El Siglo de Durango, los lavacoches que actuaron sin medir el peligro sobre sus propias vidas relataron que, por su labor en la calle, han sido testigos de muchas situaciones, como accidentes, intentos de robo, peleas o agresiones; sin embargo, lo ocurrido en el local de comida los dejó profundamente impactados.
Lo único que piden a la sociedad, más allá del reconocimiento por su actuación, es que no se les juzgue ni se les llame invasores o mafia, ya que aseguran que siempre están dispuestos a ayudar y que lo harían de nuevo si alguien lo necesita.
Señalan que precisamente cuidan el Centro Histórico porque de ahí obtienen sus ingresos y no cometen faltas para que los dejen permanecer.
Joel y Alfredo
Los hermanos Joel y Alfredo, realizan su labor de lavacoches en la plaza sobre la calle Zaragoza, fueron de los primeros en acercarse para ayudar en lo que fuera posible. Al ver a las mujeres lesionadas, su miedo aumentó, pero sabían que podían hacer algo para evitar algo peor.
“En la mañana que estábamos aquí, escuchamos un fuerte estallido de la esquina y nuestro instinto fue correr a ver qué pasaba. Al llegar vimos que el fuego seguía con mucha intensidad. Fue un estallido estremecedor, muy, muy fuerte”, narró Joel Devora.
Mientras los vidrios volaban, ellos comenzaron a pedir extintores; solo una mujer de un restaurante cercano se los proporcionó.
“Corrí lo más rápido que pude para llegar, apagar el fuego y tratar de ayudar a la gente que estaba adentro”.
Ni Joel, ni Alfredo, ni sus compañeros estaban preparados para brindar un apoyo de ese tipo, pero fue el impulso de ayudar, lo que los movió a actuar.
“Sí teníamos miedo, no le vamos a mentir, porque había otros carritos con tanques de gas cerca. Gracias a mis compañeros que se movilizaron para aventar los carritos y quitarlos de ahí, se redujo el peligro”.
Joel señaló que no buscan molestar a nadie con su trabajo, aunque reconocen que muchas personas tienen una percepción negativa sobre su labor.
"El Cholo"
Conocido entre los lavacoches como "El Cholo", también participó en el rescate. Además de buscar otra salida para las mujeres que estaban dentro del local, pidió a las personas que movieran los vehículos cercanos.
“Al parecer se cayó un tanque de gas y pegó en la válvula; se rompió y empezó a salir el gas. Las mujeres comenzaron a pedir ayuda, pero nadie hacía caso. Un compañero y yo abrimos la puerta. Yo me metí, las ayudé a salir; luego regresé porque querían su bolsa, luego su celular para hablarle a su familia. Volví a entrar para cerrar los tanques, porque no los podía sacar”, relató.
Comentó que cada quien realizó distintas labores. Sin embargo, lamentó que algunos negocios cercanos no quisieran apoyar ni prestar sus extintores.
“Fueron gente inhumana que no nos quiso echar la mano. Esperemos que nunca se les ofrezca, pero uno se pone triste cuando una persona grita y nadie le ayuda. Nosotros nos aventamos”.
Dijo que vieron a las mujeres con quemaduras en el cuerpo y en la ropa, pero afortunadamente llegaron los bomberos y las ambulancias para atenderlas.
Para la sociedad que en ocasiones juzga su labor, afirmó: “Todos necesitamos de todos. Aquí pasan muchas cosas; la gente nos ve como malos, pero no saben que a veces hemos salvado a sus hijos a sus carros, o hemos evitado robos”.
"El Cholo" vive en situación de calle y duerme sobre Bruno Martínez, casi a un costado de la puerta del Auditorio Universitario.
Gerardo Muñoz
Aunque el fuego asustó a todos y muchos no sabían qué hacer, algunos, como Gerardo, se acercaron para ayudar.
“Se escuchó un estruendo que hasta tembló. Una señora mayor salió prácticamente disparada por el flamazo y se golpeó contra los carritos de gorditas que estaban afuera; se descalabró y nos acercamos a levantarla. Uno se pone nervioso al ver a las personas heridas”, recordó Gerardo Muñoz.
Señaló que lo único que se les ocurrió fue comenzar a echar agua con cubetas mientras su primo conseguía un extintor, decidió ayudar a sacar a las mujeres.
“Tres señoras salieron con la piel desprendida. Había una señora con diabetes que no podía salir, es una persona mayor. Dios quiera que se salve, porque está malita de la presión. La sentamos en una silla, pero no podía moverse; su trabajo es estar sentada cortando papa”.
Cuando se percataron de que había sido un tanque pequeño el que explotó, el miedo aumentó al ver que había más tanques cerca, por lo que decidieron moverlos.
Lamentó que hubiera personas lesionadas y que el local quedara en pérdida total.
Reconoció que la mayoría de las ocasiones son juzgados por apartar lugares o lavar los vehículos en la calle, pero aseguró que, si alguien necesita ayuda, siempre estarán dispuestos a brindarla.