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LETRAS DURANGUEÑAS

Lecturas de otoño

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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA

Los días del otoño son nostálgicos. Tienen un color diferente, el del viaje de las horas que no volverán. Son el anticipo de las reuniones familiares de fin de año, con el pesar de las ausencias y a la vez por la esperanza por el tiempo inédito que no tardará en llegar. Entre diferentes climas emocionales las lecturas también tienen su lugar. Por los libros que retomas, aquellas páginas que siempre te están llamando.

Nuccio Ordine a propósito del gran George Steiner; la vieja novela “La tierra prometida”, del premio Nobel francés Henrik Pontoppidan, plena de espiritualidad y belleza descriptiva de la naturaleza y profundos diálogos radiantes de vida y sabiduría; las gratas imágenes de la poesía de Juan Ramón Jiménez; la narrativa escalofriante, mental y emocional de Edgar Allan Poe -el «Manuscrito hallado en una botella» mantiene todo su hechizo original-, José Revueltas en su primera novela, “Los muros de agua”; “La sabiduría del corazón”, la nueva biografía de Ramón López Velarde debida al historiador Pablo Sol Mora, y “Homero”, asimismo una reciente publicación en la colección Breviarios del FCE, serían, en mi caso, esas páginas que ya van despidiendo agradecidas lo que se fue y le darán simultáneamente la bienvenida, con vigencia y promesa, al 2027. Por cuestión de espacio apenas haré breve referencia aquí a una de estas obras, dejando para otras ocasiones la atención que merecen las demás.

George Steiner, fallecido hace no tanto, fue sin duda uno de los últimos sabios, una verdadera enciclopedia de talla universal. Por fortuna vivió mucho, ya que alcanzó los noventa años, y dedicó, como digo, prácticamente toda su existencia al estudio infatigable y multidisciplinario con la ayuda de los no pocos idiomas que ejercía. Una asombrosa cumbre intelectual. No deja de interesar a propios y extraños su inabarcable erudición. Ahí sí que se le puede atribuir la frase antigua: Nada de lo humano le era ajeno. Dejó una obra copiosa que ocupa fascinados a sus fieles lectores. “La muerte de la tragedia”, “Después de Babel”, “Antígonas”, “Los logócratas”, “La poesía del pensamiento”, entre otros títulos igualmente sugerentes como el de «Lecciones de los maestros», y de los cuales después ya compartiré mis subrayados. Estuvo más de una vez en México, para dictar conferencias o recibir algún premio importante, e igualmente hay que decir que tanto Ronaldo González Valdés -investigador de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa- como el crítico literario Adolfo Castañón le han dedicado sendos libros al polígrafo recordado. De paso, y a manera solamente de entremés, para el primero “El de George Steiner es uno de esos casos, menos raros de lo que pudiera pensarse, en los que la consideración del ensayista ha subordinado, casi al punto del ocultamiento, la del escritor en el más amplio sentido de la palabra” (“George Steiner: entrar en sentido. Cincuenta glosas y un epílogo, Prensas de la Universidad de Zaragoza, España, 2021”); y para el segundo “Más allá de su erudición apasionada y de su devoradora pasión por el saber, el libro se asienta o gravita en una dimensión ética” (“George Steiner: Lectura y catarsis. Doce papeles y una bibliografía”, Asterisco 7, Bonilla Editores, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2022”).

El librito de Nuccio Ordine –dicho así por su tamaño y no muchas páginas- (“George Steiner, el huésped incómodo. Entrevista póstuma y otras conversaciones”, Acantilado, Barcelona, 2023), regalo por cierto de mi hijo Jacobo en fechas no lejanas, es un caso nada común, algo así como un relato extraordinario del mismo Allan Poe: dos amigos que se frecuentan deciden dedicar uno de sus encuentros a un asunto más especial. El menor por una treintena de años, Ordine, entrevista a su ilustre maestro, con el acuerdo de que ese diálogo salga a la luz pública tras la muerte de Steiner. Tal como sucedió. Los periódicos en su momento –febrero de 2020- dieron cuenta de lo que platicaron. Y tres años después el propio escritor italiano escribe un testimonio editorial más amplio sobre su amigo -la obra que nos ocupa-, incluyendo la entrevista en mención. El librito se publica…cuando Ordine también ha fallecido. Como si el destino se las hubiera ingeniado, al final, para que una obra literaria fuera el boleto al otro mundo para el par de eruditos. Señala el autor esta felicidad: “Así, el amigo ausente estará siempre a nuestro lado como una presencia invisible y continuará hablándonos a través de las páginas de sus libros o de los recuerdos compartidos”. Debo decir por lo anterior, y para cerrar este artículo, que por su enorme carga emotiva y su espléndida escritura -una auténtica joyita literaria- esta conjunción amistosa Steiner-Ordine será uno de mis libros más entrañables. El año de lecturas cierra y abrirá muy bien, primero Dios.


               

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