Kiosko

Caleidoscopio

Los niños héroes, una historia humana, documentada y viva | Parte 1 de 3

Los muchachos que vivieron antes de morir.

Los niños héroes, una historia humana, documentada y viva | Parte 1 de 3

Los niños héroes, una historia humana, documentada y viva | Parte 1 de 3

JUAN MANUEL DÍAZ ORGANITOS

Antes de ser reconocidos como héroes y perpetuarse en monumentos y estatuas o de que sus nombres fuesen esculpidos en letras de oro, fueron jóvenes. Hijos de familias mexicanas que habitaban un país fracturado, sumido en la indigencia fiscal, descuartizado por facciones políticas y asediado por una invasión extranjera brutal. Ninguno de ellos nació predestinado para el martirio; todos llegaron a la guerra simplemente porque la guerra tocó la puerta de su aula.

Juan de la Barrera

Su nombre completo era Manuel Juan Pablo José de la Barrera e Inzaurraga. Nació en la Ciudad de México el 26 de junio de 1828. Ingresó al Colegio Militar cuando aún no cumplía los 13 años, el 15 de febrero de 1841, y el 18 de diciembre del mismo año recibió el ascenso a Subteniente de Artillería, por lo que causó baja del plantel y alta en la Primera Brigada de Artillería, donde fue adscrito a la Cuarta Compañía. Para 1843 solicitó su ingreso al Colegio Militar para continuar sus estudios con la intención de convertirse en ingeniero militar, lo cual fue concedido el 1o. de diciembre de ese mismo año. Para el 30 de enero de 1845 su aprovechamiento y buenas calificaciones le merecieron el grado distintivo de Subteniente Alumno. El 11 de agosto de 1847 recibió su ascenso a teniente de Ingenieros, dejó de pertenecer al Colegio Militar, destinado al Batallón de Zapadores. No pudo incorporarse porque esa corporación se disponía a combatir en la batalla de Padierna, en la que la unidad quedó destrozada. Por esta razón, aún sin pertenecer al Colegio Militar continuó en Chapultepec a las órdenes directas del General Monterde, quien lo asignó a la construcción del “hornabeque” levantado al inicio de la Calzada de Tacubaya, a donde el 13 de septiembre enfrentó a los invasores.

Nadie lo vio morir, nadie relató su muerte, seguramente porque quienes estaban con él tampoco sobrevivieron arrollados por la marea de invasores. Se sabe, eso sí, que el General Nicolás Bravo destacó al “hornabeque” a 160 soldados mexicanos y buena parte de ellos sucumbieron ante la embestida estadounidense, los partes de batalla estadounidenses consignan que allí se libró la más sangrienta acción militar de toda la batalla. Los poquísimos soldados mexicanos sobrevivientes se dirigieron al norte (rumbo a la calzada de la Verónica y se incorporaron con las tropas del Batallón Matamoros de la Guardia Nacional de Morelia, perteneciente a la brigada del General Rangel, quienes se retiraron para defender las garitas de la ciudad.

Molina, Noris y Cuéllar casi nada dicen sobre Juan de la Barrera porque ellos combatieron en el castillo. Molina hace una pequeña referencia a él, más bien sobre la cercanía y trato frecuente de los cadetes con De la Barrera, quien apenas un mes antes era todavía alumno del Colegio. “habiendo concluido su carrera, prestaba ya sus servicios en el Batallón de Zapadores, sin que por ello hubiera dejado de asistir diariamente al plantel ni de hacer vida íntima con todos nosotros”. Lo único que supo Molina fue que De la Barrera “murió dignamente en su puesto, desempeñando la comisión del servicio de fortificaciones”.

Juan de la Barrera tenía al morir 19 años con tres meses.

Francisco Márquez

Francisco Márquez fue el más joven de los cadetes recordados como Niños Héroes. Nació en Guadalajara, Jalisco, el 8 de octubre de 1834. Su nombre completo se registra como Francisco de Borja Jesús Benito Márquez Paniagua. Era hijo de Micaela Paniagua y, de acuerdo con las versiones biográficas más difundidas, quedó bajo un entorno familiar vinculado a la vida militar por el segundo matrimonio de su madre con un capitán de caballería.

Ingresó al Colegio Militar el 14 de enero de 1847, por lo que llevaba pocos meses de instrucción cuando comenzó el bombardeo contra Chapultepec. Su edad —apenas 12 o 13 años, según la fuente consultada— subraya la dimensión humana de su sacrificio: no era un soldado veterano, sino un alumno recién incorporado a la disciplina castrense.

Murió el 13 de septiembre de 1847 durante el asalto final; su cuerpo fue encontrado en la zona oriental del cerro, cerca de otros defensores, lo que confirma que enfrentó el combate en medio de la caída del castillo.

Agustín Melgar

Nacido en Chihuahua el 28 de agosto de 1829, fue hijo del militar Esteban Melgar y de María de la Luz Sevilla. La orfandad marcó pronto su vida: al perder a sus padres quedó bajo el cuidado de su hermana Merced, circunstancia que explica en parte la severidad y la temprana responsabilidad con que enfrentó su formación.

Solicitó ingresar al Colegio Militar el 4 de noviembre de 1846 y fue admitido pocos días después. Aunque su expediente registra una separación temporal del plantel por faltar a una revista, volvió voluntariamente cuando la guerra ya amenazaba la capital. Su retorno no fue un simple trámite escolar: significó presentarse de nuevo a una institución que estaba a punto de convertirse en campo de batalla.

Durante el asalto al Castillo de Chapultepec resistió dentro del edificio, recibió heridas graves y, según la tradición documental, fue recogido aún con vida por tropas estadounidenses.

Murió el 14 de septiembre de 1847 a consecuencia de esas heridas, con apenas 18 años.

Fernando Montes de Oca

Nació en la Ciudad de México el 29 de mayo de 1829. Fue hijo de José María Montes de Oca y de Dolores Rodríguez de Montes de Oca. Pertenecía a una familia de recursos modestos, pero con aspiraciones de educación y servicio público.

Su ingreso al Colegio Militar ocurrió en enero de 1847, en un momento especialmente grave para el país, pues la guerra contra Estados Unidos avanzaba hacia el centro de México. A diferencia de otros cadetes con mayor antigüedad, Montes de Oca apenas comenzaba su vida militar cuando recibió el impacto directo de la crisis nacional. Su expediente lo presenta como un joven disciplinado, en proceso de formación, cuya carrera fue interrumpida por el asalto a Chapultepec.

El 13 de septiembre de 1847 permaneció en el castillo durante la defensa final; murió en el combate, probablemente cuando intentaba moverse entre los patios y dormitorios del edificio para sostener la resistencia. Tenía 18 años.

Vicente Suárez

Nació en Puebla el 3 de abril de 1833. Su nombre completo fue José Vicente de la Soledad Suárez Ortega. Era hijo de Miguel Suárez, oficial de caballería, y de María de la Luz Ortega.

Ingresó muy joven al Colegio Militar y fue asignado a la Segunda Compañía de Cadetes. Su corta edad no impidió que se le reconociera como uno de los alumnos que permanecieron en su puesto durante el ataque. Los testimonios posteriores lo describen como un muchacho de complexión delgada, mirada viva y carácter resuelto.

En la mañana del 13 de septiembre de 1847, durante la irrupción de las tropas estadounidenses en el alcázar, Suárez habría defendido uno de los accesos interiores con su fusil y bayoneta. La imagen que dejaron sus compañeros sobrevivientes es la de un cadete que no actuó movido por una retórica grandilocuente, sino por una mezcla de deber, lealtad al cuerpo y valor personal.

Murió ese mismo día, con unos 14 años.

Juan Escutia

Nació el 25 de febrero de 1827 en Tepic (entonces parte de Jalisco). Se le asignaba la condición de cadete supernumerario —figura administrativa para agregados sin plaza presupuestal formal—. Tenía 20 años. Su nombre completo era Juan Bautista Pascacio Escutia y Martínez pero se le conoce simplemente como Juan Escutia.

Se conoce poco sobre su vida, pero se sabe que fue soldado del batallón de San Blas, aquel que comandado por el teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, llegó en junio de 1847 a la Ciudad de México y fue asignado a defender el Castillo de Chapultepec.

Escutia sobrevivió a los ataques del ejército estadounidense, pero al percibir la superioridad del enemigo, se arrojó entre las rocas. No hay evidencia de que se haya envuelto en el lábaro patrio pues este fue retirado del alcázar por los invasores para hacer ondear su bandera.

La bandera mexicana capturada por el ejército estadounidense en el Castillo de Chapultepec fue devuelta a México el 13 de septiembre de 1950, durante una ceremonia oficial en la que el gobierno de Estados Unidos entregó varios trofeos de guerra tomados en 1847.

Continuaremos dentro de dos domingos.

Escrito en: Caleidoscopio Colegio, Militar, septiembre, durante

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Kiosko

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas