
Promociones. Para los microempresarios, poner promociones atrae clientela nueva.
Mientras una gran parte de la ciudad comienza su jornada frente a una computadora, con escritorio, café y techo, en Durango existe otro grupo de trabajadores cuya "oficina" es la calle. No tienen cubículos, aire acondicionado ni sillas ergonómicas. Su espacio laboral es la banqueta, el cruce vial, el mercado, la obra en construcción o cualquier punto donde puedan ganarse el día.
Son oficios que operan a la intemperie, expuestos al sol, al frío, al polvo y a la lluvia. Vendedores ambulantes que acomodan su mercancía sobre cajas improvisadas, boleros que trabajan agachados durante horas, limpiaparabrisas que esperan el cambio de semáforo, albañiles que levantan muros bajo el sol e incluso cargadores de mercado que recorren pasillos sin descanso. Para ellos, no existe la comodidad del "home office", sino la resistencia física y la constancia diaria.
Muchos de estos oficios comienzan desde muy temprano y terminan cuando la calle se vacía. No hay horarios fijos ni prestaciones. Si llueve, se pierde el día; si hace frío, el cuerpo resiente; si hay calor, la jornada se vuelve más pesada. Algunos trabajan de pie durante horas, otros sentados en cubetas, botes o escalones, improvisando una silla donde pueden.
La calle es su oficina, pero también su riesgo. Tránsito constante, contaminación, accidentes y, en algunos casos, la indiferencia social. Aun así, continúan. Vuelven cada día al mismo punto, con la misma rutina, porque de ahí depende el ingreso para sus familias.






