
Lula y la 4T
Esta vez la presidenta Claudia Sheinbaum no esperó a que los resultados fueran oficiales. A las 18:57 horas del domingo declaró en X: “Viva la democracia, ganó el pueblo de Brasil. ¡Felicidades presidente Lula!”.
La mandataria mexicana nunca escondió su respaldo a Lula. A principio de año lo describió como un “hombre extraordinario”. El 23 de septiembre dijo: “Creo que el presidente Lula ha sido un buen presidente”. El que sea un político de “izquierda” lo dice todo para ella. Sheinbaum no entiende que Lula representa una izquierda democrática muy alejada de la suya y de López Obrador. Lo señaló Vicente Fox, aliado y amigo de Lula en su sexenio: “No hay por qué confundir democracia social con populismo y demagogia”.
Lula es un demócrata. Tres veces fue vencido como candidato a la presidencia antes de su primer triunfo en 2002, pero las tres veces reconoció su derrota. López Obrador nunca reconoció una derrota electoral. Lula rechazó el fraude electoral del venezolano Nicolás Maduro de julio de 2024; le exigió que publicara las actas que supuestamente ratificaban su triunfo y se negó a reconocer su victoria cuando no pudo hacerlo. También criticó la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua. En cambio, López Obrador y Sheinbaum han alcahueteado a estas dos dictaduras.
V-Dem, una organización con sede en la Universidad de Gotemburgo, Suecia, que evalúa la calidad de la democracia en el mundo, ha atribuido a Lula haber impulsado una recuperación de la democracia en Brasil. En contraste, ya no considera a México una democracia, ni siquiera imperfecta. México es, según V-Dem, uno de los países que más ha caído en el autoritarismo La reforma judicial, que la presidenta dice nos convirtió en “el país más democrático sobre la faz de la tierra”, es uno de los factores que la institución considera claves en el nuevo autoritarismo de nuestro país. “México es una autocracia electoral desde 2024”, ha señalado V-Dem.
Las políticas sociales de Lula y la 4T han sido muy distintas. Bolsa Família, el programa insignia de Lula, se inspiró en el Progresa de Ernesto Zedillo. Su propósito era y es apoyar a las familias más pobres, mientras que los programas de López Obrador se entregan por igual a quienes menos tienen y a quienes no los necesitan.
Lula se opuso a que Petrobras fuera un monopolio gubernamental como Pemex. En una entrevista de televisión me dijo hace años: “Antes teníamos un monopolio en bancarrota. Hoy Petrobras es un orgullo de los brasileños”. Solo 50.26 por ciento de las acciones están en manos del gobierno brasileño; el resto es de inversionistas privados. La empresa tiene un consejo de administración profesional y una de las consecuencias es su rentabilidad. En el segundo trimestre de 2026 Petrobras tuvo un beneficio neto de 19,634 millones de dólares, 22 por ciento de sus ingresos totales de 89,195 millones de dólares. En el mismo período, y a pesar de los altos precios del petróleo, Pemex solo obtuvo una utilidad neta de 1,802 millones de pesos, 0.3 por ciento de las ventas de 510,443 millones de pesos.
Lula es un político de izquierda, pero democrática. Los gobiernos de la 4T son, en cambio, populistas, demagógicos y de derecha. Han concentrado el poder, debilitado la democracia y promovido la corrupción. En este caso López Obrador sí tiene razón cuando dice: “No somos iguales”.
PRÓRROGA
Cristiano Zanin, magistrado del Tribunal Supremo de Brasil y antes abogado de Lula en el caso de corrupción Lava-Jato, sí ordenó prolongar durante dos horas la votación del 25 de octubre a petición del equipo de Lula, pero también la gente de Flávio Bolsonaro pidió la extensión. La diferencia de más de 4 millones de votos, sin embargo, es demasiado amplia para pensar que esa prórroga fue la razón del triunfo de Lula.
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