
¿Mandelas o Pinochets?
En 1986 fue declarado por la ONU el Año Internacional de la Paz. Con ese motivo Santiago Genovés, el brillante antropólogo de origen español, convocó a catorce especialistas sobre el tema, a redactar lo que se denominó el “Manifiesto de Sevilla”, que fue adoptado por alrededor de 100 sociedades científicas, incluida la UNESCO. El “Manifiesto” plasma la gran obsesión de Santiago: los orígenes de la violencia. Algarabía, número 137, retomó las aportaciones de Genovés. Lo curioso del caso es la forma de argumentar en contra de las explicaciones simplistas.
Los cinco incisos comienzan con un estribillo, muy concreto: “Científicamente es incorrecto decir…” y viene la enumeración de los lugares comunes “…que hemos heredado de nuestros antepasados los animales una propensión a hacer la guerra”; “…que la guerra o cualquier otra forma de comportamiento violento está genéticamente programada en la naturaleza humana”; “… que a lo largo de la evolución humana se haya operado una selección del comportamiento agresivo sobre otros tipos”; “decir que los hombres tienen “un cerebro violento”; ”…que la guerra es un fenómeno instintivo que responde a un móvil único”. En 1969 Santiago fue uno de los seleccionados por el biólogo y explorador noruego Thor Heyerdahl, célebre por su expedición -1947- en el Kon-Tiki, logrando cruzar desde Perú hasta la Polinesia, que pudo haberse poblado por vía marítima. Heyerdahl regresó en 1969 a las andanzas con Ra, que naufragó por una fabricación fallida de la balsa y después la Ra-II que logró llegar al otro continente. En ambas expediciones participó Genovés, quien años después, en 1973 se lanzó al mar en el Akali. La misión específica era otra: dar respuesta a la pregunta de por qué surge la violencia. En convivencia muy estrecha y condiciones adversas, Genovés levantó una serie de observaciones que después publicaría. Siguió la experiencia de Viktor Frankl, el sobreviviente de Auschwitz que sacudiría al mundo del psicoanálisis con El Hombre en busca de sentido. Grandes autores como Jared Diamond, han seguido en la indagación: coinciden, la cultura de la NO VIOlENCIA es determinante.
En los últimos años leemos un día sí y otro también, notas aterradoras, como el caso de Elisa o ahora Dafne en Tamaulipas, en el cual se perfilan como responsables a varios compañeros. Los cuerpos colgantes en Zacatecas, que tienen como antecedente aquel espantoso espectáculo de los cuerpos destazados en el Puerto de Veracruz en 2011 en una reunión nacional de juzgadores y procuradores. Ya hay escuela, el sábado en Temixco aparecieron tres cuerpos desmembrados. Excélsior publicó -04/05/2025- un reportaje basado en información de UNICEF sobre la violencia en casa: 55% de los niños en México ha experimentado la “disciplica violenta”; 71% de las lesiones causadas a menores ocurre en su vivienda; 11% de los padres y madres considera que el castigo físico es necesario para educar. Las consecuencias psicológicas son un rubro aparte. La violencia familiar ya es más común que el robo. Por eso la UNICEF impulsa -en alianza con el DIF- un programa de “crianza con conciencia positiva”.
De regreso a la tesis de Genovés y de “El Manifiesto de Sevilla”: no es hereditario, no es genético, no es evolutivo, no es la conformación del cerebro, tampoco es instintivo. Es cultural. Ello conlleva problemas y oportunidades. México se ha vuelto un país más tolerante o insensible a la violencia, todo comienza en el hogar. Si la mayoría de los valores de una persona provienen de la madre en particular, como lo demuestran los estudios, estamos ante una gran oportunidad de revertir este horror. En Noruega el hijo de la princesa irá a prisión por violación, en México vivimos con 93% de impunidad. (Ver www.impunidadcero.org) Por lo visto los mandatos religiosos ya no imperan. ¿150,000 desaparecidos?
Tomemos en serio la propuesta de UNICEF, invirtamos en ello para garantizar más Mandelas y menos Pinochets.