
Manual del usuario
Somos casi 8,300 millones de terrícolas ocupando espacio en este sufrido y sobreusado planeta. Me pregunto ¿cuántos habremos leído el "Manual del usuario, para los habitantes del tercer planeta del sistema solar"? Los resultados hoy nos sugieren que ¡no muchos! Y si algunos lo leímos, posiblemente no lo terminamos, y ya se nos olvidó qué decía.
Las consecuencias de no hacerlo serán similares a lo que pasa con los aparatos que compramos y los echamos a andar, ignorando leer el manual primero; por ejemplo ¡yo no sabía que era para voltaje 220, lo conecté y se me quemó la tele!
Hoy, el manual de referencia se encuentra, en el mejor de los casos, en algún extremo de una pila de libros con el objeto de protegerlos y no se los lleve un viento huracanado de más de 80 kilómetros por hora. Tal parece que los dinosaurios fueron los últimos que leyeron y utilizaron el susodicho manual, hasta que un T-REX encontró el botón de "Reset", lo pisó y todo cambió.
El manual inicia con: 1.- Respeta mi entorno. Con solo echarle un vistazo a nuestros bosques, mares, y una frágil capa de ozono, que apenas nos protege de los rayos peligrosos del sol, sugiere que desde los primeros habitantes, hasta hoy, nos saltamos el capítulo, asumiendo que siempre tendríamos todos los recursos que necesitáramos y solitos se renovarían.
Ahora, no sabemos cómo hacerle para ponernos de acuerdo y reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera antes de que nos envenen. Eso sí, llevamos a Marte aparatos para buscar vida en el planeta rojo, pero no podemos llevarles agua potable a los más pobres en las comunidades indigenas. ¿Crisis de prioridades?
En el capítulo 2, se habla de la convivencia pacífica entre los huéspedes del planeta. ¡De risa! Nadie leyó esto. Los neanderthales se disputaron siempre a pedradas los territorios, y hoy están activas más de 8 guerras de diferentes dimensiones y tratando de disminuir la tasa de crecimiento poblacional global, afortunadamente sin éxito. Hoy se miden las bajas en "drones", menos mal. Y nuestra Tierra sigue dando vueltas sobre su propio eje, apenada por lo que le hacemos, y hasta que se canse.
La parte que habla de economía sustentable para alimentarnos a todos seguramente inspiró a Lionel Robbins (1898-1984) con su teoría de la escasez, que argumentaba que los recursos son limitados y las demandas de los humanos son ilimitadas.
El estudio sugería que el espacio terrenal disponible no sería suficiente para servir la demanda de comida, por lo que el suministro de alimentos sería superado por el crecimiento demográfico, y moriríamos de hambre. Y aquí seguimos.
El economista bajo valoró el uso de la tecnología y su desarrollo para brincar este obstáculo, y pues tenemos que comer, pero no es accesible para todos, que esa es otra bronca.
Reyes, caciques, dictadores, comunistas, nacionalistas, progresistas y americanistas, ninguno ha podido enderezar la sana convivencia que se nos pide en el manual, pero hay que recordar que todo (sí, todo) tiene fecha de caducidad. Al menos no hay que adelantarla.
Aquí en nuestro pedacito de planeta tampoco le hacemos caso al manual, aunque ya hay iniciativas en la Secretaría de Educación para traducirlo al idioma indígena y enseñar las "partes pertinentes" (que no causen escozor político) en las escuelas de la nueva educación mexicana, sin saber que nuestros compatriotas autóctonos saben más de ese manual que nosotros, y en español.
Las naciones más avanzadas también ya repararon en la necesidad de leerlo, pero ellas lo enseñan en las escuelas de negocios, que hace el cuidado del planeta transaccional. Si es rentable, entubamos el agua; si no, pues que corra.
Fuente: Editorial Planeta, Año 0, 2026ava edición, ejemplares digitales, físicos y mentales disponibles por todos lados. Vamos a leerlo, repasarlo y aplicarlo.
Ánimo, que en mayo lloverá y estará más verde el campo.