
Alonso Salazar
El escenario del Teatro Victoria volvió a convertirse en un espacio de memoria, duelo y confesiones con la presentación de Melissa Zaragoza, quien llevó su monólogo “¿Puede un fantasma tener mi voz?” a una nueva función este martes, como parte del Primer Encuentro Regional de Teatro del Norte, celebrado en el marco del Festival Revueltas.
La puesta en escena reunió tanto a espectadores que se acercaron por primera vez a esta historia como a quienes regresaron al teatro para reencontrarse con una obra que, en cada representación, abre una ventana a las heridas más íntimas de su protagonista.
A través de una interpretación que transita entre la vulnerabilidad y la fuerza, la actriz duranguense compartió fragmentos de su historia personal y de una infancia marcada por la ausencia de su padre.
UN ESPACIO PARA EXPLORAR LAS HERIDAS
Con una propuesta de corte autobiográfico, “Puede un fantasma tener mi voz” coloca en el centro la relación de una hija con la figura paterna que perdió, así como el intento de reconstruirla mediante los recuerdos, la imaginación y el propio acto teatral.
El asesinato de su padre en 2007 atraviesa el relato, pero la obra también se adentra en las preguntas, las emociones y las experiencias que permanecen con ella desde la infancia.
Sobre el escenario, Zaragoza no se limita a narrar una pérdida. La actriz expone las contradicciones del duelo, el amor, la rabia y la necesidad de encontrar respuestas ante una ausencia que transformó su vida.
Con fotografías, videos y materiales documentales, la puesta en escena construye un recorrido por aquello que permanece y por lo que el tiempo no consigue borrar.
La intimidad del relato convierte la experiencia individual en una reflexión sobre los vínculos familiares y las marcas que deja la violencia. De esta manera, el monólogo encuentra en la honestidad de su intérprete una de sus principales fortalezas, al permitir que los espectadores se acerquen a una historia personal sin perder de vista las emociones universales que la atraviesan.
UNA HISTORIA QUE INVITA A VOLVER
El regreso de la obra al Teatro Victoria confirmó también el vínculo que ha construido con el público duranguense. Para quienes ya conocían el montaje, la función representó una nueva oportunidad de recorrer sus pasajes y reconocer otros matices de una historia que continúa creciendo con cada encuentro; para quienes la descubrieron por primera vez, fue la posibilidad de acercarse a una propuesta escénica que apuesta por la memoria y la vulnerabilidad como motores de creación.