
Una mirada al pasado. Cientos de personas que llegan a este estacionamiento lo hacen recordando siempre los buenos momentos y películas en estreno que llegaron a ver décadas atrás.
Durante décadas, el Cine Durango fue uno de los puntos más emblemáticos del Centro Histórico. Inaugurado en 1957, destacó por su arquitectura y su sala con más de mil butacas, convirtiéndose en un lugar de encuentro familiar y social donde ver una película era toda una experiencia comunitaria. Sin embargo, como ocurrió en todo el país, la aparición de la televisión, el video doméstico y posteriormente los complejos de cine en plazas comerciales fueron restándole público y viabilidad al modelo de una sola gran sala.
Sin protección patrimonial ni un proyecto cultural que lo revitalizara, el inmueble entró en un declive paulatino. Para finales de los noventa dejó de proyectar películas, y en los años siguientes fue rentado por partes para comercios hasta que finalmente se demolió su interior para convertirlo en estacionamiento y bodega. El espacio que alguna vez recibió estrenos abarrotados hoy es solo un lote techado para autos y un centro de distribución.
La pérdida del Cine Durango refleja cómo la ciudad dejó ir uno de sus recintos históricos sin debate público, incluso mientras promovía la marca "Tierra de Cine". Aunque diferentes proyectos independientes han buscado la manera de mantener viva esa memoria.





