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México, los últimos 50 años

México, los últimos 50 años

México, los últimos 50 años

JOSÉ NARRO ROBLES

En las últimas cinco décadas México ha vivido cambios que desafortunadamente no se consolidaron. Las oportunidades resultantes no se reflejaron en la solución de fondo de la mayoría de nuestros problemas de siempre. La pobreza, desigualdad, injusticia, desapego al Estado de Derecho, violencia, impunidad y corrupción, entre otros, se mantuvieron cuando no se agravaron. Varias de las transiciones que se presentaron –la demográfica, la económica y la política– no tuvieron el impacto que se hubiera deseado. Por supuesto que ha habido mejoras sustanciales en muchos de los indicadores de desarrollo, pero han sido insuficientes.

Nuestra demografía se transformó radicalmente. La población se incrementó en cerca de 73 millones al pasar de 59 a 132 entre 1975 y 2025. La esperanza de vida en ese periodo creció de 62 a 75 años. La edad mediana que era de 15 años ahora es de 30. El porcentaje de 65 años y más se triplicó. La natalidad disminuyó a la mitad. El número de hijos por mujer, cercano a seis, ahora es menor de dos. El llamado bono demográfico se diluyó y no se aprovechó con mucha más educación, empleo completo y salud.

Es verdad que nuestra economía mostró mejoras sustanciales si se consideran el ingreso per cápita promedio o el tamaño del PIB. El primero aumentó de poco menos de 1,500 dólares a más de 14 mil. Sin embargo, se estima que mientras en 1975 cerca de 30 millones de personas vivían en condiciones de pobreza, cincuenta años después la cifra supera los 38 millones. Es obvio que el porcentaje se redujo considerablemente, pero el número absoluto se incrementó. Debe decirse que los promedios y los porcentajes enmascaran nuestra realidad.

Por lo que se refiere a las condiciones políticas, solo pasamos de un sistema autoritario a otro, de un modelo poco democrático a otro parecido. En el tránsito de la tibia descentralización a la recentralización, perdimos posibilidades y mucho de lo avanzado. En 1975 en la Cámara de Diputados el 82 por ciento de los legisladores eran del PRI, mientras que en la actualidad el porcentaje de Morena y sus aliados asciende a casi el 73 por ciento. El presidencialismo de aquellos años envidia al de la actualidad.

La realidad nos muestra que seguimos, como antes, con enormes deficiencias para hacer frente al fondo de nuestros problemas. La primera de ellas es la falta de una visión de país a tres o cuatro décadas y la carencia de las políticas de Estado para alcanzar lo que se acuerde. Por supuesto que falta la definición de las prioridades para erradicar nuestros lastres. Solo con más, mucha más educación, salud, alimentación, empleo completo, ingreso suficiente y apego al Estado de Derecho, tendremos la posibilidad de ser una nación mejor.

Para lograrlo, muchas de nuestras estructuras deben cambiar, pero la sociedad también. Habría que acabar con la polarización que tanto daño hace y avanzar en la vida democrática con una colectividad más participativa, tolerante y comprometida. Debemos reencontrar la ruta de la unidad. El sistema político debe modificarse de raíz. Los “dueños” de los partidos, todos ellos, deben claudicar en sus intereses vulgares, rupestres, metálicos y de poder, para pensar en el futuro de la nación.

La población debe hacer a un lado la apatía y la mezquina conveniencia. No hay beca, ayuda o transferencia que se equipare con la dignidad del trabajo, el apego a los valores cívicos y la satisfacción del deber cumplido. Los jóvenes deben ser quienes encabecen la tarea. México lo requiere y el futuro no espera.

@JoseNarroR

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