
Mirador
El color rojo llegó sin avisar y me dijo de buenas a primeras: -Soy el mejor color.
Yo ya lo conocía. Está por todas partes, lo mismo en famosas pinturas de museo que en paredes de misérrimas viviendas. Así, lo saludé con deferencia. Prosiguió:
-Si a diez personas se les pregunta cuál es su color favorito, nueve responderán: "El rojo". Ése soy yo.
Lo felicité, pero le dije que ser el color más mencionado no necesariamente significa ser el mejor. Tan importantes como él, añadí, son el azul, el verde, el amarillo, el café, el anaranjado, y todos los demás colores.
Pienso que al rojo no le gustó lo que le dije, porque enrojeció. La verdad no siempre gusta a quien la escucha. Quise decirle que lo mismo sucede entre los humanos: todos son importantes, lo mismo el potentado que el humilde. Pero ya no me escuchó. Se fue rojo de coraje. Eso me dio a ver que no era el mejor.
¡Hasta mañana!...