
Mirador
La inquietud de la gente del Potrero es soluble en agua: cuando llueve se acaban las preocupaciones.
El día de su fiesta la pequeña imagen de San Isidro Labrador fue bajada de su nicho en la capilla y sacada en procesión para pedir la lluvia, pues la sequía duraba ya seis meses. Todavía andaban en el camino los rogantes cuando del cielo vino Dios en forma de agua.
Yo no creo en milagros, pero me rodean por todos lados. El hecho de despertar cada mañana es un milagro, lo mismo que el pan de cada día sobre la mesa. Oír, ver, sentir, gustar y oler son cinco milagros que nuestra ceguera y nuestra sordera no nos permiten apreciar. El don de la palabra es un prodigio del que nunca hablamos. El solo hecho de estar en el mundo es un misterio milagroso.
A veces, cuando golpea la vida y el sufrimiento llega, sentimos la tentación de renegar, pero rara vez damos las gracias por las bendiciones que recibimos. “Gracia pedida, vela encendida. Gracia otorgada, ni vela ni nada”.
Yo elevo aquí una palabra de agradecimiento por el don de la lluvia y por la lluvia de dones. A algún lado llegará esa oración.
¡Hasta mañana!...