
Mirador
Todas las noches voy al cine.
No necesito salir de mi casa. A lo largo de los años fui reuniendo una muy buena colección de muy buenas películas que ahora forman una apreciable cineteca.
La amada eterna me preguntaba:
-¿Para qué compras tantas películas?
Respondía yo:
-Para cuando esté viejo.
No andaba descaminado en mi propósito. Ahora que me acerco a la vejez -apenas tengo 87 años- el cine en pantuflas es uno de mis mejores entretenimientos.
En las películas de Hollywood de los años treinta a los sesenta el principal actor es el cigarro. Casi no hay escena en la que no aparezca ese mortífero cilindro de papel relleno con picaduras de hierba venenosa. El médico fuma en su consultorio; el piloto en la cabina del avión; la joven madre fuma con su bebé en los brazos; los tripulantes del submarino en el cerrado espacio de su nave.
Las fábricas de cigarros son en verdad fábricas de muerte.
Algún día sus dueños serán procesados por crímenes contra la humanidad.
¡Hasta mañana!..