Editoriales

OPINIÓN

Mirador

Mirador

Mirador

ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

Este pasado jueves por la noche se enojó el cielo y dejó caer sobre mi ciudad una lluvia que duró horas y horas. Llegué a pensar que la historia bíblica del Diluvio Universal es cierta.

La bóveda celeste de Saltillo es por lo general amable y plácida. En la mañana muestra un azul como el del manto de la Virgen; de noche se vuelve profunda y misteriosa, igual que la vida. En él se miran las constelaciones del zodíaco, y el camino de Santiago incita a caminar. Puede uno escribir los versos más tristes esas noches sin que Neruda acuse plagio.

La tormenta del jueves, sin embargo, no tuvo nada de romántica. Cayeron más pulgadas de agua que en los seis meses anteriores juntos. Yo, en mi casa, miré llover como quien oye llover, y me congratulé de no andar en la calle manejando.

Afortunadamente los padres fundadores de mi ciudad la fincaron en el suave declive que desciende, manso, desde la altura del lomerío cercano, así que el agua corre población abajo sin inundar los vecindarios. Ganas me dieron de poner un barquito de papel a navegar por la corriente.

En él me habría ido no sé a dónde.

Sí sé a dónde.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Editoriales Mirador noche, ciudad, agua, Este

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de Editoriales

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas