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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

En medio del verde valle el blanco caserío del Potrero parece en estos días un diamante engastado en una esmeralda.

Ha llovido. Eso quiere decir que ha descendido Dios. La abundancia de hierba augura que las cabras cuatearán, según se dice por acá, y los pinos de la montaña están casi negros de tan verdes.

En la cocina de la antigua casa la tertulia se alegra tras la cena. Doña Rosa recuerda a don Sabino, el papá de su marido Abundio.

-Enviudó después de diez años de casado, y se volvió a casar, ahora con una hermana de la finadita. Le preguntaron por qué, y respondió: “Ya no tengo humor para domar otra suegra”.

Reímos todos, menos don Abundio. Masculla con enojo:

-Vieja habladora.

Doña Rosa figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: OPINIÓN Rosa, ahora, tengo, respondió:

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