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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

La gente del Potrero ha vuelto a creer en Dios. La lluvia suele renovar su fe, que languidece en tiempos de sequía. Los animales comparten ese renacer. Otra vez la silenciosa vaca muge; el taciturno asno rebuzna; la callada gallina cacarea. Y los hombres hablamos, que es nuestra manera de cacarear, mugir y rebuznar.

En la cocina de la antigua casa la tertulia se alarga tras la cena. Don Abundio narra algo que le aconteció al padre de doña Rosa, su mujer.

-Se le treparon las copas, y cuando se subió al caballo lo hizo de modo que quedó con la cara hacia la cola del animal. Le dije: "Se montó usté al revés, tata". Me contestó: "¿Y cómo chingaos sabes pa' 'ónde voy?".

Todos reímos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: OPINIÓN doña, Abundio, gente, tata".

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