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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

La sequía se va, pero regresa siempre. El verde que ayer hizo de los campos del Potrero una esmeralda viva se cambió ahora por el sepia y el ocre del secano.

En la cocina de la antigua casa la tertulia después de cenar es silenciosa.

Don Abundio, experto en esperanzas como todos los que viven de la tierra, trata de animar la conversación, y habla de una tía de doña Rosa, su mujer:

-Le tenía dicho a la viuda de don Tilo que no se acercara al rancho, pues la mujer le coqueteaba a su marido. La vio venir en el burro; sacó el máuser y a distancia de 100 metros le tiró un balazo. El pobre burro cayó muerto. Le dije yo, admirado: “¡Qué buena puntería!”. Respondió ella: “La tengo pésima. No le apunté al burro”.

Reímos todos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura: -Por ésta.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: OPINIÓN doña, sequía, Respondió, puntería!”.

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