
Mirador
Este abanico perteneció a Lucita de la Peña y Dávila, quien dejó el mundo hace 150 años.
El abanico es de encaje florentino color verde, y tiene varillaje de carey. Lucita lo escogió de ese tono porque el verde es el color de la esperanza, y su vida fue una espera continuada. Esperaba al galán que la desposaría. Varios llegaron a su reja, pero su padre y sus hermanos se los ahuyentaron todos. Ninguno les gustaba; uno por pobre; otro por jugador, el de más allá por masón o espiritista.
Lucita les decía a su papá y sus hermanos:
-Yo lo cambio.
Le respondía ellos:
-Más bien él te va a cambiar a ti.
Y le negaban su mano al pretendiente.
Nada dejó Lucita de la Peña y Dávila, pues no tuvo hijos.
Lo único que de ella quedó es este abanico de encaje florentino color verde, el color de la esperanza.
¡Hasta mañana!...