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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

Me gusta la flor a la que llaman alcatraz.

Es blanca, con el color de la pureza, pero al mismo tiempo muestra una vaga nota de sexualidad. Quizá por eso la usaban inconscientemente las novias en los principios del pasado siglo como parte de su ramo nupcial.

Los predicadores han sentido siempre recelo ante todo lo sexual. Su hostilidad se extendía a la mujer, en la que veían un camino de perdición para el hombre. Toleraban el matrimonio, pero sólo como mal necesario; algo de rastrera condición si se le comparaba con la virginidad.

Para la naturaleza, creadora de la vida, la virginidad es un mal innecesario que nada más se da en la especie humana, capaz de crear las más extravagantes invenciones.

Por eso me gusta el alcatraz. Si no tenemos mente virginal su forma habrá de recordarnos las muy bellas artes que la vida usa para perpetuar la vida. A eso se le llama amor.

Espero que estas deshilvanadas elucubraciones quepan en el sugestivo y blanco cáliz de un alcatraz.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Editoriales Mirador gusta, humana, capaz, mente, no tenemos

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