
Mirador
Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche me dijo de repente ayer:
-Soy tu padre.
Pensé que había bebido demasiado, y que seguía la acostumbrada escala de los ebrios. Primero: "Soy tu amigo". Luego: "Soy tu hermano". Y finalmente: "Soy tu padre". No era así. Aquella ominosa frase era el principio de una reflexión:
-Soy tu padre, supongamos. ¿Acaso te pondré una trampa, y te castigaré después si caes en ella? Precisamente eso fue lo que hizo Dios Padre con sus hijos los humanos. Les colocó una trampa llamada libertad, y a pesar de que le ruegan que no los deje caer en la tentación les pone tantas que por fuerza caen en una de ellas, tras de lo cual los condena a una pena eterna que se llama infierno. Eso me preocuparía bastante de no ser porque la literatura de ficción no me preocupa. Julio Verne debió haber sido teólogo. Tenía una imaginación extraordinaria.
Lo dejo hablar. Y él hace conmigo algo mejor: me permite callar.
¡Hasta mañana!.