
Mirador
San Virila hace milagros sin querer.
Eso lo incomoda, pero los milagros se le salen de la bolsa.
El otro día, por ejemplo, iba a granizar. El granizo habría arruinado las cosechas, y la gente padecería hambre. El frailecito hizo un ademán, y el granizo fue a caer a miles de leguas de distancia, en el desierto del Sahara. Los beduinos se maravillaron al ver aquel fenómeno, desconocido para ellos, que pintó de blanco las arenas.
Otro milagro un poco más pequeño hizo San Virila. El gatito de una niña subió a un árbol y no podía bajar. El santo tendió una escala hecha de luz, y por ella descendió el minino,
San Virila es opuesto a los milagros. Dice que alteran el orden natural. Pero nada puede hacer para evitarlos. Tampoco puede contener los estornudos. Por la noche, secretamente, reza:
-Señor: hazme el milagro de que ya no pueda hacer milagros.
¡Hasta mañana!...