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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

San Virila salió de su convento esa mañana y tomó el camino de la aldea. Iba a buscar el pan para sus pobres.

El día era radiante. Brillaba un sol benévolo y soplaba una brisa musical. El prado estaba matizado de flores, y sobre ellas zumbaban los colibrís y las abejas. A lo lejos se oían risas de muchachas, canciones de mancebos y voces infantiles que en la escuela recitaban las tablas de multiplicar: “Dos por una dos; dos por dos cuatro; dos por tres seis.”.

En la aldea San Virila pidió el pan. Los humildes le dieron; los altanerosno.

-Haz un milagro -le pedían todos.

-Yo no los hago -sonreía él.

Caía ya la tarde cuando el frailecito regresó al convento. El padre portero lepreguntó:

-¿Qué milagro hiciste hoy?

Respondió San Virila:

-Hice el milagro de no hacer ningún milagro.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Editoriales mirador milagro, Virila, -sonreía, dos;

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