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OPINIÓN

Morena, Palenque y el Tesoro

A puerta cerrada.

MARCELA GÓMEZ ZALCE

En medio de la histeria colectiva alrededor del prístino modelo pre-electoral del partido gobernante, resulta difícil no advertir la paradoja institucional. Mientras Morena presume que la selección de sus “corcholatas” pertenece exclusivamente a sus afiliados, Estados Unidos ha descubierto mecanismos bastante más sofisticados que una encuesta interna o una boleta electoral para hacerse presente en el proceso político mexicano.

Washington no necesita —formalmente— tachar el nombre de un aspirante a gobernador(a). Puede revocar visas, abrir investigaciones, solicitar extradiciones o imponer sanciones financieras, decisiones que, aun perteneciendo jurídicamente a la esfera estadounidense, inevitablemente provocan consecuencias sobre la reputación o viabilidad de quienes aspiran o ejercen cargos públicos en el gobierno de la cacareada transformación.

Al tiradero de la cascada de escándalos de corrupción morena, se suma una crisis más; la intervención de la OFAC sobre delincuentes y sus redes narcopolíticas en donde han aparecido, para sorpresa de nadie, el entorno familiar de la gobernadora de Baja California convirtiendo al Departamento del Tesoro en un actor inesperadamente relevante de la conversación pública nacional.

Y es ahí donde el problema deja de ser diplomático y adquiere una dimensión reputacional para Morena y el legado del expresidente y su movimiento sobre la superioridad moral. El timing de su reaparición justo cuando la mira telescópica estadounidense ya roza el apellido familiar muestra también que las coincidencias consultan el calendario que exhibe el segundo año de Sheinbaum. El epicentro López Beltrán y su cúmulo de excesos han desencadenado la implosión de aquella narrativa fundacional. El movimiento que llegó al poder prometiendo regenerar la vida pública enfrenta ahora el reto, bastante menos épico, de regenerar su propia reputación.

Sería harto audaz afirmar que existe una operación estadounidense diseñada para erosionar electoralmente a Morena, pero toda ingenuidad geopolítica tiene fecha de caducidad y suele vencer el día que aparece el garrote de la Casa Blanca donde las señales de molestia hace años son consistentes contra el muladar narcopolítico mexicano que amenaza los planes de una seguridad hemisférica.

Estados Unidos no está leyendo episodios aislados sino dibuja la ruta del paisaje completo.

La retórica se encuentra súbitamente con la asimetría del poder cuando la ingenuidad descubre que, en política internacional, las proclamas pueden ser grandilocuentes pero el garrote suele ser bastante más concreto. La (nula) sutileza no es menor. Trump necesita que Sheinbaum siga cooperando en materia de seguridad y en paralelo seguir utilizando, según sus propios intereses, los instrumentos que ya posee y dejar que cada revocación de visa, cada expediente, cada estratégica filtración y cada sanción haga su trabajo en el ecosistema político mexicano.

La capacidad del Departamento del Tesoro para mover el tablero interno de Morena ha demostrado ser enorme y quizá ahí radique una de las expresiones más sofisticadas de la asimetría de poder entre ambos países.

Ese proceso de destape de las “corcholatas” ha exhibido al garrote de los Estados Unidos que mueve la cuna modificando el entorno político entre Morena y aliados.

Su dirigencia puede conservar el derecho de acomodar las fichas. Sin embargo, la irrupción del Departamento del Tesoro ha empezado a sacudir ese tablero y la nube tóxica llegará, tarde o temprano, a Palenque.

@GomezZalce

Escrito en: OPINIÓN cada, Tesoro, Morena, garrote

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