
Mundial distópico con futbol utópico
Distópico significa indeseable y opresivo. Su raíz griega es dys (mal o difícil) y topos (lugar); describe un escenario donde todo está terriblemente mal.
'1984' de Orwell, 'Un mundo feliz' de Huxley, 'Fahrenheit 451' de Bradbury y 'El cuento de la criada' de Atwood, son obras distópicas.
En cambio, utopía significa lo deseable del bien humano, como la isla en 'La Utopía' de Tomás Moro (1516).
Distopía o anti-utopía fue el término usado por John Stuart Mill (siglo XIX) como antónimo de utopía. Son dos conceptos contrapuestos.
Entonces, ¿cómo puede haber un Mundial distópico con futbol utópico? ¡una contradicción!
La decisión de celebrar el Mundial 2026 se tomó en junio del 2018 durante el 68 Congreso de la FIFA en Moscú. La propuesta de la candidatura conjunta de México, EE. UU. y Canadá denominada United 2026, derrotó por 134 votos contra 65, a la de Marruecos, incapaz de competir con la infraestructura de estadios, hoteles, transporte y experiencia previa, de los otros.
El horizonte internacional en el 2018 lucía en general tranquilo, sobre todo entre los 3 países sede del certamen deportivo enfrascados en el T-MEC. Prevalecía la utopía de un Mundial maravilloso en la que nadie imaginó lo que vino después.
En 2022, Rusia invade a Ucrania y el escenario internacional empieza a transformarse. Con el conflicto de Israel con sus vecinos y el horror de la franja de Gaza, la metamorfosis está en marcha. En 2025 regresa Trump a la Casa Blanca con aranceles y pretensiones de extraterritorialidad (Groenlandia, Canal de Panamá, Golfo de México y Venezuela) que tensan las relaciones internacionales. Cuando decide apoyar a Israel contra Irán genera una guerra en Medio Oriente.
En el umbral del Mundial la utopía del 2018 se transforma en distopía para el 2026, 8 años después EE. UU. e Irán, países participantes, están en guerra. Rusia mantiene golpeada a Ucrania, Trump captura a Maduro en Venezuela y amenaza a Cuba y México.
Y por lo que hace a nuestro país, el escenario no podía ser más distópico: conflicto de la CNTE con el gobierno de Sheinbaum, justificada protesta de madres buscadoras y otras marchas, asfixian a una CDMX que padece obras inconclusas (aeropuerto Benito Juárez y el Metro), la voracidad de la FIFA que, con entradas impagables, impidió a mexicanos de modestos ingresos acudir a su propio estadio. Y para coronar esa gran distopía, una presidentA, jefa del Estado sede, delega la declaratoria inaugural en la FIFA y una actriz.
Aún con esas calamidades internacionales y nacionales, el Mundial capta 40 millones de espectadores en tv, y en un estadio repleto con 80 mil, la pelota rueda. La euforia por el triunfo de la Selección, como lava incontenible de un volcán, hizo erupción y explotó. ¿Cómo fue posible la combinación de un marco profundamente distópico con una expresión utópica del Mundial? ¿No que distopía y utopía eran contrapuestos?
Respuesta: la magia del futbol (el pato mascota se llama "Merlín") es una "religión civil" que todos, sin importar, edad, sexo, preferencia sexual, nacionalidad, raza, religión, ideología, etc., todos, practican y como en la Grecia antigua, donde las olimpiadas provocaban treguas suspensivas de hostilidades para privilegiar el deporte, el futbol hace lo mismo al resaltar una profunda identidad colectiva que momentáneamente borra las diferencias humanas y sociales, y al aniquilar esa polarización social típica del populismo gobernante, unifica temporalmente lo que estaba dividido, separado o roto.
La utopía futbolera, revierte a la distopía internacional y nacional. Sociedades fragmentadas restituyen sus fracturas con el pegamento del futbol. Shakespeare lo describe magistralmente en El Rey Lear con una tormenta que sigue ahí con toda su intensidad, mientras el público protegido en el escenario del juego, sin importarle empaparse, impulsa a su equipo al gol, y no voltea a ver al cielo. ¡BENDITO FUTBOL!